Gafas de sol para mirar al cielo, no a la pantalla

Ideas on Tour Ciudad de Mexico

#historia24

Ciudad de México, 12 de julio de 2019

Anna Rodríguez Casadevall

Hace un par de días fui a comprarme una gafas de sol. 

Olvidé las que tenía en San Cristóbal de las Casas y, nada, que el microclima de Ciudad de México hace que a las doce del mediodía sea imposible abrir los ojos sin quemarte las pupilas, así que me fui a gastar. 

Y es que comprarme unas gafas de sol es toda una aventura divertida para mí y una pesadilla para quien quiera que me acompañe. 

Tomé el metro en Chapultepec y me planté en Salto del Agua, con las pilas cargadas para meterme en el tumulto de la calle Madero. 

No sin antes parar en el Mercado de San Juan a comerme un par de quesadillas y meterme un jugo natural de mamey y maracuyá entre pecho y espalda, of course. 

Y es que ir a la Madero a por unas gafas es una carrera de obstáculos. 

A parte de las cientos (¿miles?) de personas que se amontonan en una de las principales calles comerciales de la ciudad, toca esquivar a los y las comerciales de las ópticas. 

Cuando vas por Paseo de Gracia, en Barcelona, o por Preciados, en Madrid, tienes que esquivar captadores de socios de ONGDs. 

Pues en Madero tienes que esquivar montones de comerciales que te acompañan a la tienda o la galería con quien tengan acuerdo. 

Pero bueno, eso no es problema porque aquí todos nos ganamos la vida con algo. 

El problema es que se quedan pegados a ti tooooooodo el tiempo. 

Observan cada uno de tus movimientos, te muestran las gafas caras y te dicen lo favorecida que estás con esas de Prada que ha sido las primeras que te han llamado la atención.

Claro, es que las de 6000 pesos (unos 300€) favorecen mucho más que las de 1500. Parece que me hacen hasta la nariz chata, oye… 

Uy, ¡quita quita!

Mi narizón está muy cotizado.

Voy a mantenerlo, no sea que se me pegue el humor disney si me pongo respingona. 

A lo que iba. 

Que gracias a la grasa de las quesadillas, he sido capaz de esquivar las manadas de comerciales y colarme en varias tiendas yo solita.

Sí, sí.

Como lo lees: yo solita. 

Y he comprado las gafas más molonguis de las mil ópticas de la zona. 

Son polarizadas y cada vez que miro el móvil con ellas, parece que me pegue un viaje de psicotrópicos. 

No quiero ni imaginar el día que vuelva a la pulquería con ellas. 

¿Qué tiene que ver esto con la interculturalidad? 

Nada, la verdad. 

Pero llevo unos días con mucho trabajo y me apetecía escribir sobre mis gafas nuevas. 

Pero oye, que yo te dejo este enlace, por si te apetece curiosear:

Sí, soy curios@ y no puedo evitar clicar en el enlace. 

Un abrazo,

Anna

No-guía (inter)cultural para mentes curiosas

Anna Rodríguez Casadevall
anna@ideasontour.com