La tristeza no está de moda

Ideas on Tour

#historia20

Sant Celoni (Mediterráneo), 28 de abril de 2020

Llevo semanas resistiéndome pero mira, a tomar viento. 

Desde que empezó el confinamiento, parece que debamos estar todo el día con la sonrisa a cuestas. 

Con un #todoirabien y un #yomequedoencasa lleno de alegría y satisfacción. 

Qué pesadilla, tato.

Yo me quedo en casa porque estoy convencida de que es lo mejor no solo para mí y para mi familia, sino que es necesario para que este bicho no se propague y para dar tiempo a gestionar una pandemia global.

No tengo mucha opinión de si los gobiernos y los ministerios de salud lo están haciendo bien porque no sé de gestión política, ni de macroeconomía ni de salud pública. 

Así que intento hacerlo lo mejor posible ‘por si acaso’, me aguanto, me cuestiono lo que sea que tengo que cuestionarme y me dejo sentir. 

Ese dejarme sentir que parece sustituir a la libertad callejera. 

Y no porque pueda decidir lo que siento o cómo gestionarlo, sino porque puedo aceptar lo que siento.

Sin importar si es tendencia, si está valorado socialmente o si el amigo te dice que “no te quejes, que al menos estás vivo”. 

A ver, a ver. 

Un momento.

¿Qué hay de malo en estar triste? 

Nada.

Otra cosa es que la tristeza no esté de moda. 

Como que molesta. 

No tanto a quien la siente, sino a quien pregunta: 

– ¿Cómo estás? 

– Bueno, así así…la verdad es que…

– Ah, ya… este…. Me llaman por la otra línea. 

Pues si en una pandemia en la que llevas 2 meses en casa sin tener ni pajolera de lo que ocurrirá en el futuro, extrasolo o extraacompañado, no puedes estar triste, ya me contarás. 

Puedes sentirte triste. 

O feliz. 

O nostálgico.

O descansada.

O ansioso. 

U esperanzada. 

O  enfadado.

O afortunada.

O desconcentro.

O puedes sentirte con un chute de energía porque por fin puedes dejar de socializarte, de dar besos por doquier y tienes la excusa perfecta para no salir de tu guarida feliz. 

También puedes sentirlo todo a la vez o una emoción tras otra.

Y es que, si la vida suele ser una montaña rusa de por si, le sumas una pandemia global y lo flipas.

Linnea Johansson lo ilustra de maravilla en sus ilustraciones, sobre todo en una sobre la positividad tóxica: “Unos días estamos arriba y otros días estamos abajo. La vida es el movimiento”. 

Búscala como @johansson.linnea en instagram, una artistaza que vale la pena poner en el mapa.

Ya está.

Hoy no te hablo de viajes ni de culturas ni de aventuras por ahí.

Hoy quería escribir sobre emociones. Negativas y positivas (que no malas y buenas).

Que haberlas, haylas. Las unas y las otras. 

Y cuanto más les cerremos la puerta, más resonará el bofetón que nos darán cuando piquen al timbre. 

Démonos permiso para sentir. 

Lo positivo y lo negativo. 

Y, si nos desbordamos p’arriba o p’abajo  y no sabemos muy bien qué hacer, busquemos a personas que nos pueda ayudar.

Que haberlas, haylas.

Un abrazo,

Anna 

No-guía (inter)cultural para mentes curiosas



Anna Rodríguez Casadevall
anna@ideasontour.com