7 libros para descubrir (otro) México

Interculturalidad formación expatriados

El escritor mexicano Carlos Taibo dice que ‘somos animales de lenguaje, criaturas que sueñan.’

Yo sueño con cada libro que mis luceros devoran y con cada historia que mi imaginación dibuja. 

Porque viajar con libros es viajar con la imaginación. 

Pero también es conocer un país o una cultura desde la mirada de sus autores y autoras, desde distintos modos de ver y de mirar una misma realidad. 

A través de historias inventadas, de realidades noveladas y de ensayos con hechos y acontecimientos del ayer que me ayudan a entender el hoy y a vaticinar el mañana, he ido destapando un México literario a la par que lo he ido descubriendo in situ, recorriéndolo geográficamente. 

Y es lo que comparto contigo en este artículo: 7 libros que me han ayudado a conocer México. 

El orden de la lista es el orden en que los he leído. 

No hay favoritos. 

Hay libros distintos que dejo que descubras y valores por ti mismo, por ti misma.

1. Chin Chin el Teporocho, de Armando Ramírez (Océano Exprés, 1971)

La primera de Armando Ramírez. La primera de una larga carrera literaria. 

‘Una novela cruda, salvaje y vital’. 

Ese resumen de la portada me disparó la curiosidad y la contra me acabó de convencer.

Esta novela requiere su tiempo y dedicación con amor para entenderla. Y no me refiero al argumento, que rápido engancha, me refiero al texto. 

Los editores respetaron el texto original, con ausencia total de acentos. Casi no hay puntos; ni separaciones de párrafos; mayúsculas, minúsculas y pensamientos de Rogelio, el protagonista se mezclan, y solo los diálogos rompen textos intensos, adictivos y llenos de vida. 

La jerga urbana y callejera del barrio de Tepito que tan bien plasma Ramírez en esta obra, te transporta a ese barrio en el corazón de Ciudad de México. 

Prostitutas, vendedores de drogas, policías corruptos, familias desestructuradas, teporochos (alcohólicos) y personas buscando modos de salir de un espiral de pobreza y marginalidad del barrio de Tepito en los años 70. 

Estudiantes que en 1968 luchaban por más justicia y más opciones, y cuyos sueños se vieron truncados por la matanza de Tlaleloco y el abuso de poder.

Realidades de una época dura en una colonia popular de la capital mexicana.

Realidades de una época y de un barrio que el autor vivió y conoció desde dentro.

Y he aquí un Teporocho.

“(…) se comienza primero, uno se emborracha uno o dos dias, luego una semana o quince dias y al final del camino, todos los dias, hasta que uno se muere de congestion alcoholica o una cirrosis hepatica o de alguna enfermedad venerea o ya de plano porque uno no sirve ni pa’maldita la cosa, ya cuando se te hinchan las piernas, el rostro se te abotaga, la nariz se vuelve roja, los pomulos se saltan y las mejillas se sumen y el vientre se abulta hasta parecer una señora embarazada y desvarias y tu pensamiento ya no te obedece y divaga como anima en que ya te da lo mismo, morirte, que cagarte con los pantalones puestos o tragar en un basurero junto a la mierda con moscas a su alrededor u orinarse en las calles del centro de la ciudad frente a un policia y contestarle que esta regando a las florecitas, cuando este le pregunta que porque lo hizo, ser teporocho es llegar a ser nadie, es no importante nada, ni tu vida, ni tus hijos, ni tu esposa, es perderlo todo, es llegar a no tener ni madre.

2. Por Cielo, Mar y Tierra, Ximena Sánchez Echenique (Tusquets, 2010)

Por Cielo, Mar y Tierra cayó en mis manos de casualidad, como pasan muchas cosas buenas en la vida. 

Y ojalá me cayeran tesoritos así más a menudo.

Tres hombres. Tres historias. Tres migraciones. 

Tres clases sociales. Tres épocas. Tres modos de viajar.

Por cielo, por mar y por tierra. 

Un país de origen, México, y tres destinos: España, Francia y Estados Unidos.

Sánchez Echenique dibuja de maravilla los protagonistas de cada una de las tres historias migratorias que se intercalan en la novela: Porfirio Díaz, Alfredo Palacios y Benigno Silva.

Pero, sobre todo, dibuja claramente la realidad de tres clases sociales en tres espacios, tres tiempos y tres realidades completamente distintas de un mismo país.

Y es que México es una país de movidas y movimientos, de gente que va y viene, de emigrantes y de inmigrantes. 

“Los acontecimientos que conforman la historia de un ser humano son irrepetibles y absolutos; una vez ocurridos no hay forma de volverlos atrás ni adelante en el tiempo.”

3. Los años con Laura Díaz, de Carlos Fuentes (Alfaguara, 1999)

Buscaba una novela sobre el movimiento de 1968 en México y la matanza de Tlaleloco (o la Plaza de las Tres Culturas), y Alberto me dijo: 

“Por qué no le echas un ojo a la novela de Carlos Fuentes? No solo habla sobre lo que buscas sino que le da un repaso a la historia mexicana del siglo XX a través de la vida de una mujer muy interesante. Creo que te va a gustar pero ahora no recuerdo el título…

Alberto me conoce y siempre acierta con sus recomendaciones, así que me fui a una librería y salí con Los años con Laura Díaz bajo el brazo. 

De 1905 al 2000. 

Un viaje en la vida de Laura Díaz, una mujer libre y avanzada a su tiempo, con sus fortalezas y sus vulnerabilidades, y con sus contradicciones, cuya vida se entrecruza con la de personajes que van descifrando los acontecimientos del siglo XX a través de sus historias personales. 

Y no solo los acontecimientos de México, sino también los de Primera y la Segunda Guerra Mundial, los refugiados acogidos en México, la evolución de los roles de género, etc. 

560 páginas para una novela muy femenina escrita por un hombre, Carlos Fuentes, uno de los mayores intelectuales mexicanos de las últimas décadas. 

Pese a las 150 páginas de una densidad difícil de digerir que hay a mitad del libro, esta novela es una maravilla. 

“La mirada, el gesto, el movimiento de hombros de Juan Francisco significaba ‘los machos somos distintos’. ¿Por qué no lo decía de plano, abiertamente?

– Los machos somos distintos. 

¿Por qué eso no era necesario explicarlo? ¿Por qué la sociedad era así y nadie la iba a cambiar…? Oyéndolo hablar en la gigantesca plaza en el corazón de la ciudad, bajo la lluvia, con su vozarrón profundo, Laura se llenaba desde él, con él, para él,  de palabras y razones a las que ella quería darles un significado para entenderlo a él, para penetrar su mente como él penetraba el cuerpo de Laura, a fin de ser su compañera, su aliada. ¿No incluía esta revolución un cambio en lo que los hombres mexicanos le hacían a sus mujeres, no abría un tiempo nuevo para las mujeres, tan importante como el nuevo tiempo para los obreros que defendía Juan Francisco?

4. Mujeres, indígenas, rebeldes, zapatistas, de Sylvia Marco (Eón, 2011)

Una de las primeras cosas que hice al llegar a San Cristóbal de las Casas (Chiapas, México) fue buscar un libro que me ayudara a comprender el movimiento zapatista de esta región de México.

Después de mucho esquivar fantasmas y Bartolomés, rebuscar y comparar, me decidí por Mujeres, indígenas, rebeldes, zapatistas, de Sylvia Marco (Eón, 2011). 

Quería entender mejor el zapatismo, me apetecía verle el enfoque de género a este movimiento político, salir de las teorías occidentales dominantes y ganar una visión algo más crítica de este movimiento que tanto turismo reivindicativo y neo-hippy atrae a los Altos de Chiapas. 

Y vaya que si lo disfruté: 

No existe globalización genuina. Aquello que llamamos globalización es siempre la globalización exitosa de determinado localismo. En otras palabras, no existe condición global para la cual no consigamos encontrar una raíz lova, una inmersión cultural específica.”

También escribe sobre el feminismo ‘clásico’, la teoría de las intersecciones, la corporalidad abierta al cosmos, el feminismo en el mundo indígena, con sus cosmovisiones y particularidades. 

Sobre los derechos humanos y las mujeres indígenas; sobre el zapatismo y sus cinco Caracoles; sobre religión, medicina, encuentros y reivindicaciones.

“Debemos prometernos nunca más cometer el crimen de la discriminación y el racismo hacia los integrantes de los pueblos originarios y también debemos reconocer el valor de los significados ancestrales de sus cosmovisiones, recreados contemporáneamente por sus mujeres. En estas influencias indígenas de hoy se encuentra el germen y la posibilidad de concebir y crear otro mundo mejor y posible.

5. El alfabeto del racismo mexicano, de Federico Navarrete (Malpaso, 2016)

El racismo existe por causas estructurales. 

Por causas profundas, históricas y económicas que hacen que unos necesiten (¿necesitemos?) posicionarmos varios escalones por encima de otros para mantener ciertos privilegios.

Y Alfabeto del racismo mexicano visibiliza prácticas, dichos y prejuicios discriminatorios de México pero, como afirma el propio autor, su objetivo es ayudar a construir un país sin racismos y eso pasa por reconocerlos, aceptarlos y remediarlos.

Es ‘una estrategia para combatir el racismo a través de la sátira.’

No estaría mal que otras y otros autores, y políticos de otro países sacaran el espejo y tomaran nota.

Por desgracia, el racismo sigue siendo uno de los principales problemas a nivel mundial. 

El racismo es racismo.

En México, en el Mediterráneo, en Estados Unidos, en Mongolia y en Las Antípodas.

“El racismo es como sacarse los mocos con el dedo: una costumbre que practicamos siempre de manera vergonzante y que negamos con ahínco en caso de que alguien nos la achaque. Y como hacemos con los parientes, amigos o colegas a quienes sorprendemos hurgando sus fosas nasales, también aprendemos a hacernos de la vista gorda y a mirar a otro lado cuando alguien a quien respetamos incurre en dichos o acciones discriminatorios. Uno de los objetivos centrales de este Alfabeto es precisamente romper la hipócrita cortesía que suele rodear una práctica que nos debe resultar intolerable y repugnante”.

6. Malinche, de Laura Esquivel (Suma de letras, 2005)

‘Malinche: mujer indígena que traicionó a su gente a favor de los españoles (en México cuando aún no era México).

¡Oh  sorpresa!, la culpa de todo recae sobre una mujer: Malinalli (la Malinche).

Mujer, indígena, inteligente, princesa, esclava, traductora y amante de Hernán Cortés. 

Pues bien, Laura Esquivel (autora de Como agua para chocolate) no va a ganar el Nobel de literatura con Malinche, pero sí presenta una novela intensa y llena de poesía descriptiva para acercarnos a Malinalli, la protagonista absoluta de la historia y de su vida, con su lado oscuro y con su lado lleno (llenísimo) de luz. 

Malinalli creyó que los recién llegados eran ‘dioses venidos del mar’ que llegaron enviados por Quetzalcoatl, el dios principal, a traer paz y a acabar con los sacrificios humanos.

Pero la realidad se tornó ser bien distinta porque esos dioses resultaron ser conquistadores ávidos de poder, de avaricia y ambición (entre bastantes otras cosas).

A través de la historia vital de Malinalli, traductora de Cortés (“la lengua”), Esquivel recrea los rituales, las ceremonias, las batallas y la realidad de una época y unos acontecimientos contados, casi siempre, por hombres vencedores de batallas y católicos. 

Imaginación e historia se dan la mano en esta novela sobre México antes de ser México y sobre lo femenino, tan antiguo como la vida.

“Ser ‘la lengua’ implicaba un gran compromiso espiritual, era poner todo sus ser al servicio de los dioses para que su lengua fuera parte del aparato sonoro de la divinidad, para que su voz esparciera por el cosmos el sentido mismo de la existencia, pero Malinalli no se sentía preparada para ello. Muy a menudo, al hablar, se dejaba guiar por sus deseos y entonces la voz que salía de su boca no era otra que la del miedo. Miedo a no ser fiel a sus dioses, miedo a fallar, miedo a no poder con la responsabilidad y – ¿por qué no?- miedo al poder. A la toma de poder. 

Ella nunca antes había experimentado la sensación que generaba estar al mando. Pronto aprendió que aquel que maneja la información, los significados, adquiere poder, y descubrió que, al traducir, ella dominaba la situación y no solo eso, sino que la palabra podía ser un arma. La mejor de las armas”.

7. Mexique. El nombre del barco, de María José Ferrada y Ana Penyas (Tecolote, 2017)

Ha habido muchas cosas de México que me sorprenden y que espero que me sigan sorprendiendo. 

Pero una en especial me hizo pensar, ¿cómo narices no tenía ni idea de esto?

Y es que México acogió a miles de refugiados y refugiadas españoles republicanos al final de la Guerra Civil española.

Investigando, veo que sí hay noticias en los medios españoles.

Incluso yo misma, hace un par de años, compré un cuento ilustrado sobre este tema en La Fabulosa, una librería preciosa en el corazón del barrio de La Latina, especializada en libros ilustrados de autores latinoamericanos que no puedes perderte cuando callejees por Madrid (además, te mandan los libros a casa gratis si vives en España, no tienes excusa).

Pero pensé que era algo simbólico, con menos trascendencia… Qué traidora es la ignorancia, oye.

Y qué bueno empezar a combatirla.

“El 27 de mayo de 1937 zarpó el Mexique desde Burdeos, Francia. A bordo iban 456 niños. Todos ellos eran hijos de republicanos españoles. En México se refugiarían de la guerra civil que azotaba su país. 

Esta es la historia de un barco y de un exilio, que pone frente a nuestros ojos a niños y niñas, a quienes la guerra, cualquier guerra, arroja de sus hogares.”

Mexique. El nombre del barco es la novela ilustrada con la tinta empalabrada de María José Ferrada y las formas coloreadas de Ana Penyas que me llevé bajo el brazo en aquella visita a la capital. 

Encontró su lugar en la estantería de casa y ahí ha estado, a gusto, hasta que volví de México. 

Sus tonos negros, grises, marrones, blancos y rojizos, con collages camuflados,  y sus textos breves y poéticos han cobrado sentido de golpe.

“La guerra es un ruido fuertísimo.

La guerra es una mano enorme que te sacude 

y te arroja dentro de un barco.

Zarpamos y los adultos se quedan en la orilla hasta volverse minúsculos.

Padres, madres son ahora estrellas que se miran de lejos, 

fuegos que alguien encendió hace un millón de años.”

Pst, pst: quiero más

Rosario Castellanos, Carlos Taibo, Octavio Paz, Elena Poniatowska, Jorge Ibargüengoitia muchos más, muchas más. 

México es inacabable, también en su literatura. 

Solo hace falta perderse por sus librería y cafebrerías para darse cuenta.

Bueno, también se puede ir al metro: 40 librerías de 40 editoriales en uno de los pasillos más transitados del metro de una de las ciudades más grandes del mundo, el que te lleva de Pino Suárez a Zócalo. 

No en el patio del Palacio Nacional (que, por cierto, tenía una librería preciosa que pasó a mejor vida).

No en el centro comercial fresita de Santa Fe. No en un evento cultural en La Condesa o la Roma. 

No. 

En el metro.

Transporte público por excelencia y que se niega a subir el precio del billete. 

5 pesos (unos 25 céntimos de Euro) de norte a sur, de este a oeste o un poco de todo. 

Volvámonos locos de las historias que nos hacen viajar con la imaginación. 

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Anna Rodríguez Casadevall
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