China – Hong Kong: Sin visado en tierra de nadie

Me encantaba la idea de tener que ir un par de días a Hong Kong por tema de papeles, me daba una curiosidad bien grande: ¿Será como en las películas? ¿Habrá más personas chinas u occidentales? ¿Será fácil moverse por la ciudad? ¿Hablarán inglés?

Así que  hice mi mochila para salir de Changsha (China) y pasar una noche en Hong Kong, con la ropa justa y con muchas ganas de descubrir al máximo este lugar tan especial. ¿Por qué especial? Voy a ponerle un poco de contexto histórico al asunto.

 

Un poco de historia para entender el presente

En 1577, Portugal coloniza Macau (a una hora en barco en Hong Kong) y ahí, “gracias a su ubicación estratégica”, como dirían los usureros oportunistas, empezó un movimiento de piratas, contrabandistas y trapicheos varios en la vecina Hong Kong, que llevó a esta región a ser centro del comercio del opio, del cual los primeros en lucrarse (y, posiblemente, colocarse) eran los colonos británicos.

China debió darse cuenta de que esto del opio era un chollo y en 1839 confiscó 20.000 baúles cargados de este “analgésico” a los contrabandista británicos. He aquí el inicio de la Primera Guerra del Opio.

La Corona Británica no aceptó del todo la decomisión ni la guerra, y en 1841 tomó posesión de la Isla Hong Kong así, porque sí, como buenos colonizadores.

Parece que les salió bien la jugada porque, en 1842, la isla les fue cedida oficialmente. Posteriormente, durante la Segunda Guera del Opio, le siguieron “cesiones” (qué surrealista esto de ceder tierra donde vive gente, ¿no?) de los distritos de Nuevos Territorios y Las Islas.

A partir de entonces, Hong Kong acogió movimientos de Japón, de China, de Gran Bretaña… un no parar no choque de intereses y poderes internacionales. Finalmente, en 1984, la Dama de Hierro y el gobierno chino firman una declaración para “liberar” a Hong Kong del Imperio Británico en 1997 y, muy gentilmente, “devolvérselo” a China (quién pudiera leer la letra pequeña y las contraprestaciones no conocidas de ese cuerdo, ¿verdad?).

Bajo el principio “Un país, dos sistemas”, Hong Kong dejó de ser colonia británica y a pasó ser una “Región Administrativa Especial” (SAR, por sus siglas en inglés) de China el 1 de julio de 1997.

Eso significa que, actualmente, Hong Kong forma parte de China y está bajo su paraguas pero se rige por sus propia normas, adaptadas  a su realidad y a una apertura interna y externa más que evidente para una guiri como yo en comparación con China.

(Fuente de la información histórica: Insight Guides (2014): Explore Hong KongDiscover Hong Kong y mi estimada Wikipedia |Fuente de la ironía: Cosecha propia)

‘Sí… pero no’

O sea, que actualmente Hong Kong es China. Pero para entrar en Hong Kong hay una frontera china y otra de Hong Kong, y moverse entre ellas cuenta como una salida/entrada al país… Así que, a efectos de visados y papeleos varios, Hong Kong no es China. O sea, que sí… pero no.

Eso ya lo había entendido antes de salir de “mainland”, varios compañeros chinos se encargaron de explicármelo bien, pero se ve que lo que no acabé de entender fue mi visado (con lo fácil que es la burocracia internacional, ¿no?), pero yo eso aún no lo sabía… Así que agarré el tren, me planté en Hong Kong y aproveché al máximo las 24 horas que iba a pasar en la ciudad de las pelis de Bruce Lee y su “be water my friend”.

Me pateé algunos de los barrios de esta ciudad en que casi siete millones y medio de personas viven bien apretaditos en distintos distritos.

Me sorprendió este “vivir apretado”, y es que la densidad de población de Hong Kong es de 7014 habitantes por Km2 y ocupa el puesto 104 a nivel mundial. Pero eso es un poquito trampa porque Hong Kong tiene varias islas no habitadas o con muy poca gente viviendo allá, así que la mayoría se concentra en los distritos de New Territories, Kowloon y la isla de Hong Kong.

 

Vuelva usted por donde ha venido

Volviendo al hilo de la historia: pasado el día de turismo, agarré el metro y me planté en la frontera, decidida a volver a China y tomar el tren a mi casita de Changsha. Pero no. En la frontera de China me dijeron: “Usted no tiene visado chino, vuelva a Hong Kong”.

¿Cómo?????

Y, ¿ahora qué hago?

¡Cicyyyy!!!!!

Suerte de Cicy, mi compañera y amiga, ella me ayuda a descifrar algunos de los mil millones de misterios de China (los cuales, por supuesto, ni me planteo comprender, con descifrarlos soy feliz). Esta vez me ayudó a reservar una habitación un par de noches porque no tenía ni idea de qué tenía que hacer ni cuánto tiempo me iba a tomar.

Me invitaron a salir de territorio chino y me llevaron a pasillos que son tierra de nadie con un papelito en la mano como única indicación e inestimable ayuda con una dirección donde, en teoría, podía solicitar un visado nuevo.

Así que caminé por el pasillo en dirección contraria que el resto de personas, la policía iba abriendo puertas especiales a medida que avanzada de vuelta a Hong Kong. Qué rara me sentí.

Llegué a la frontera dispuesta a regresar a Hong Kong pero, ¡sorpresa! Me tuvieron casi dos horas esperando porque “el sistema no funciona” y me dieron dos papelitos más, con dos direcciones distintas para hacerme el visado.

Perfecto, y ahora, ¿dónde voy? En China y Hong Kong hay muchas agencias (más y menos transparentes) que en tramitan visados, pero logré descubrir que lo mejor si tienes que renovar un visado para China en Hong Kong es ir directamente a la sección consular de visados para China en Hong Kong, la institución oficial para la expedición de visados.

Dos horas después, estaba de nuevo en el metro, de vuelta a la densidad humana de esta región administrativa especial y un pelín nerviosa, ya que mi consciencia no paraba de recordarme que China es un estado policial comunista y no está para tonterías. Como tuve que esperar, no llegué a tiempo para tramitar el visado ese día, así que a prepararlo todo para la mañana siguiente.

Por la noche fui a dar un paseo por el barrio del hostal, lleno de mercadillos. Me encanta callejear.

Me acerqué a un cajero para sacar dinero… y, ¡sorpresa! No pude.

Sin visado, sin dinero y sin saber si me aprobarían la entrada en China. Imagina la situación. Suerte que de amigos vive el ser humano (¡Gracias por echarme un mano sin pensarlo dos veces, Lourdes Baleyto!). Primer problema resuelto. “Solo” me quedaba obtener un visado nuevo.

Después de perderme un par de veces entre los mil pasillos elevados que conectan todo Hong Kong, me presento en la oficina de visados con todos los documentos, agarro el papelito con mi número, espero la hora de rigor, veo mi número en la pantalla y me acerco a la ventanilla con una sonrisa perfecta con ganas de caerle bien a la funcionaria con cara de pocos amigos.

Pero no lo logro: “Le falta todo esto. No vuelva si no es con la documentación completa y no me cuente más historias, no estoy aquí para discutir con usted”. ¡Qué bonito…!

A todo eso, Hong Kong es China pero no tiene la misma cobertura telefónica, así que me dedico a buscar wi-fi abierto como una loca para pedirle a Cicy (de nuevo) los documentos que me faltan (y que no son tan fáciles de recopilar).

Sumémosle que la policía aduanera de Hong Kong se quedó un papelito diminuto obligatorio, así que, entre medio de la recopilación de documentos, tuve que buscar e ir la edificio de inmigración para que me dieran una copia del papelito perdido. ¿De verdad que un país tan controlado digital y presencialmente como China y, por ende (en teoría) Hong Kong, necesita un trozo de celulosa para identificarte? No me lo creo.

Ocho horas después, logré tener todo lo que me dijeron que necesitaba, así que me presenté de nuevo con una sonrisa algo más forzada que la de primera hora de la mañana, pero con las mismas ganas de acabar la burocracia y asegurarme la vuelta a Changsha.

Hora y media de espera… y ¡visado aprobado! No sin antes tratarme bastante mal, claro.

Volví al día siguiente a recoger el visado y, de nuevo, ¡sorpresa! No encontraban mi pasaporte… Mon Dieu, ¿algo más? Una hora más tarde, salí pintado del edifico con mi pasaporte y mi visado bien custodiados.

Todo esto me dio qué pensar.

Tengo la suerte de haber decidido ir a vivir a otro país, con un contrato de trabajo, unas condiciones que me aseguran tranquilidad, con apoyo de organizaciones europeas y chinas que sé (o creo) que me van a echar un cable si tengo problemas y pasé muchísima tensión en la frontera y hasta que me aprobaron el visado.

Primero recurrí a prejuicios y justifiqué el trato ‘porque son chinos’, pero luego pensé en cómo deben ser tratadas las personas que migran a España (o a cualquier otro país europeo) y (ojalá me equivoque) no creo que las traten mucho mejor.

Qué importante y qué bien me hace ponerme las gafas de ver el mundo cuando los prejuicios salen disparados a borbotones cuando menos lo espero.

Entonces ya pude respirar y, ahí sí, me di el lujo de disfrutar de mis privilegios y hacer turismo en Hong Kong sin tensiones ni preocupaciones.

Hong Kong sorprende y me recuerda otra ciudad que también me atrapó… Te lo cuento en Disfrutando de Hong Kong entre neones & mikanias.

Comparto algunas fotos para que no pierdas la curiosidad de leerme y de conocer un poquito más de esta región tan especial.

 

Moraleja

Cuando viajes, recuerda:

1. Revisa siempre pasaporte y visado (en caso de que lo necesites). Asegúrate de que los entiendes y que cumples los requisitos de entrada y salida al país si no quieres quedarte en tierra de nadie.

2. Por muy buena voluntad que tengan las personas que tengas a tu alrededor, comprueba siempre la información sobre visados en sitios oficiales.

3. Por más veces que leas el texto informativo sobre visados, es posible que no entiendas nada. Lo mejor es consultar la embajada del país donde viajarás en tu país de origen o, si estás en ruta, a la embajada de tu país de origen en el país de destino. Busca siempre la fuente oficial y, de ahí, muévete por foros, agencias especializadas y recurre a gente que se haya encontrado en una situación parecida últimamente (no se vale si les ocurrió hace años porque las leyes cambian continuamente

3. Contrata un seguro de viaje internacional bueno, bonito y barato.

4. Asegúrate de tener acceso a dinero en el país donde viajas (tarjeta, envío internacional, en metálico, etc.

5. No te dejes ningún papelito en casa ni le entregues tu pasaporte a nadie que no lleve una plaquita oficial (cuando viajas, tu pasaporte es tu apéndice).

6. Y si revisas todo, te equivocas y te ves obligado a descubrir un lugar nuevo, ¡disfrútalo!

 

Cierro este post largo, estresante y hermoso a la vez con Movimiento, de Jorge Drexler (Uruguay): “Yo no soy de aquí… ¡pero tú tampoco! De ningún lao del todo y de todos lados un poco”. 

 

Soy Anna, formadora intercultural, y mi trabajo es acompañarte a preparar y a vivir el viaje de tu vida para que te marches bien y vuelvas siendo tu mejor versión.

Me apunto al viaje