Disculpen la demora, estaba disfrutando

Nos educan para ser productivos, para hacer cosas que nos lleven a obtener un resultado o alcanzar un objetivo, a ser efectivos y eficientes, resolutivos, serios, hombres y mujeres “de bien”,  cumplidores, responsables, organizados, programados, complacientes, agradables, tener éxito y que nos admiren por nuestros logros (más económicos y profesionales que personales.)

Llevo tres semanas sin escribir por aquí, retando a las estadísticas que dicen (y siempre lo dicen) que tienes que publicar de forma regular para esto o para lo otro. Hace unos días empecé a sentir algo de culpa por no ponerme a picar letras como loca en el teclado pero decidí no abrir la maquinita hasta mi retorno a Cusco, retorno que se fue posponiendo un día, otro día y otro día: he estado demasiado ocupada disfrutando, dejándome sorprender y aprovechando el tiempo.

Y lo he hecho todo lo que he sabido y podido, que las cosas, si se hacen, se hacen bien… He estado on tour, disfrutando de las sorpresas que han ido llamando a mi puerta desde el primer día de este mes de la Pachamama, que también es el mío, una buena leona soy:

Día 1

Feliz de celebrar mi cumpleaños con la familia y amigos cusqueños… ¡qué bueno comer torta juntos y bailar hasta que nos duelan los pies!

Día 2

Qué rico el restaurante vegetariano, el paseíto por San Blas, el prólogo de La conjura de los necios, de John Kennedy Toole, el te en Saphi y las charlas.

Día 3

No soy la única leo por acá… ¡Felices 16.425 días, Alberto! Feliz de que hagas que nos  juntemos para celebrar, charlar, comer, tomar, jugar sapo, reirnos, cantar karaoke y disfrutar de tu día contigo, así, sin prisas y en buena compañía.

Día 4

¿Vamos a Urubamba? ¡Vamos! Escaparse a este pueblo del Valle Sagrado, en la región del Cusco… y regresar cuatro días después habiendo descansado, piscineado, disfrutado del sol, del aire libre, de la comida, de las montañas, de las termas, del compartir vinos, ratos en compañía y ratos de a dos, fogatas, momentos e improvisaciones.  Viajar en moto 125 por los Andes, disfrutar del paisaje, pelarse de frío y tener como recompensa una noche de luna llena en las aguas termales de Lares.

Día 9

¿Vamos a Arica? ¡Vamos! Dejarme llevar por lo que el cuerpo me pide a gritos y salir de viaje hasta plantarme en Arica, en el norte de Chile, después de casi 24 horas de trayecto.  Improvisación, tranquilidad, buena compañía, desierto, océano, el sonido del mar, olas, un baño bien fresquito en el Pacífico, cariños, piel, el puerto, mariscos, focas, pelícanos, casas bajitas, mucho carro, mercadillos, el Morro, Corazones, comidas, calle, calle, calle, weon y po.

Día 14

Despedidas Norte-Sur y nuevas aventuras, sin olvidar las vividas. Me regreso a Tacna, frontera peruana con Chile, con ganas de un café y de seguir mirando este paisaje tan desértico y cálido… El objetivo del día es pasear sin prisa por la ciudad, tomarme un café bien rico y un jugo de lúcuma en el mercado central. A partir de ahí, que venga lo que venga.

Día 15

Si bajo a Chile, puedo subir tranquilamente a Lima… total, sólo son 20 horas de viaje en bus. Y es lo que hago. Qué capacidad de abstraerse del tiempo desarrolla una viajando en bus por América Latina. Bueno, abstraerse del tiempo, de las carreteras, de los adelantos kamikazes, del exceso de velocidad, de la bulla y demás cotidianidades de cualquier trayecto por tierra por acá.

No me llama Lima, me llaman Camucha y Machi. ¡Qué ganas tenía de compartir momentos y risas, como hace unos años en el Cusco! La capital es gigante, estresante, llena de jaleo, de contradicciones… y de cultura. Y eso siempre me engancha: culturas del Perú en el Museo de Arqueología, Arqueología e Historia del Perú; memoria histórica y cultura en el Lugar de la Memoria, la Tolerancia y la Inclusión Social; concierto de guitarras de música tradicional peruana en la Biblioteca Nacional del Perú; concierto rockero del grupo Amén en Barranco…  Y, de nuevo, calle, ¡mucha calle!

Día 20

De vuelta a mi querido Cusco, lista y con energías para disfrutar de las dos últimas semanas por aquí. De disfrutar del lugar, de los lugares, de las personas, del sol y de la luz cálida que cae sobre los Andes a media tarde, de los conciertos, los bailes, la chicha, el pisco sour, los talleres y la chamba (el trabajo).

Pocas y muchas ganas de volver al mismo tiempo… por fin estoy aprendiendo a convivir con ello, esta contradicción es ya parte de mí. Daños colaterales de vivir on tour.

Nos educan para ser como esperan que seamos, no como realmente somos.

Nos educan para “aprovechar” el tiempo. Tiempo que muchas personas sienten que se cuela entre sus dedos precisamente por cumplir todos los requisitos impuestos que escribo al inicio de la entrada. Maldita obsesión tenemos en occidente con el tiempo. Y con el miedo, pero ese ya es otro tema.

¿Quién tiene algo que decir sobre como aprovecho, desaprovecho o, simplemente, dejo pasar mi tiempo? ¿Sobre mis prioridades y sobre lo que me hace sentir esa chispa que tan a menudo dejo que me visite? ¿Por qué debo ceñirme a “lo esperado”, que sé que puedo cumplir y que me facilitará la vida, pero que tanto me carga y aburre?

Si lo piensas bien, ¿cuáles son los recuerdos más fuertes que tienes? De un viaje, de un trabajo, de un piso compartido, de una noche de baile, de una película o de un libro, de una visita a un museo… ¿no te mueve lo que sentiste más que ninguna otra cosa? Cierra los ojos, piensa en aquella mañana en la oficina: ¿qué recuerdas? ¿Los correos que respondiste? ¿la reunión con el jefe supremo? No. Recuerdas los veinte minutos del café, de charla y de risas con las Martas, Lourdes, Mónica, Laura y Ester, recuerdas lo bien que te sentías ese rato y las ganas de encontrar un hueco el fin de semana para seguir charlando y riendo, que esos veinte minutos pautados no son suficientes para disfrutar y las cosas buenas de la vida no hay que dejarlas a medias.

Tiempo y calidad de vida.

Quiero sentir la libertad de escoger al máximo a qué y a quién dedico mi tiempo, disfrutándolo y aprendiendo, que para eso siempre estoy dispuesta a encontrar huecos.

Como escribí hace unas semanas, tener tiempo es cuestión de prioridades, y las mías se aclaran mañana tras mañana.

El grupo argentino Churupaca lo expresa bien bonito en su tema Miren“Lo sintético en tu reloj nunca abarcará el tiempo. Son las horas de quien las ignore en un eterno hoy y ahora”

Reflexiones on tour, cada vez menos apegadas, menos apresuradas & más seguras.

 

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