Dos países, tres temblores y un cerebro que no procesa

#historia26

Ciudad de México, 17 de julio de 2019

México tiembla. 

No de miedo ni de frío. 

Tiembla su tierra.

Literalmente. 

No me acostumbraré nunca a estos temblores que hacen que los edificios se sacudan como hojas de papel de fumar en plena faena. 

Mientras escribo este correo en La Condesa, la colonia hipster por excelencia de Ciudad de México, placas tectónicas chocan de nuevo y el piso menea sus caderas. 

Mira, yo no me he enterado. 

Ha sido Bryce que me ha hecho levantar la vista de la pantalla y sacarme los auriculares al preguntarme si estaba sintiendo el temblor.

Pues no, no lo estaba sintiendo. 

Y es que ha sido un temblorcito de nada, oye. 

O no, porque han empezado a arrejuntarse todos en el comedor: los anfitriones Homero abueo, Homero padre, Homero hijo, el peque Gabriel, y Bryce.

Y yo, con Frijolero de Molotov de fondo y escribiendo correos. 

Flipando.

A ver, con el pánico que le tengo a los temblores, ¿por qué me avisan si no hay que salir corriendo? 

Y es que mi cerebro no procesa los meneos de Gaia. 

El primero lo viví en Taipei (Taiwan), en febrero de 2018. 

Nos alojamos en un duplex que parecía una casita de muñecas con terraza con unas vistas de lujo sobre el centro de la ciudad. 

Estábamos charlando y de golpe, la cerveza empezó a sacudirse sola.

¿Hechos paranormales?

No, un temblorcito de nada que en un ático parece la piscina de olas de un parque acuático. 

¿Qué fue lo que inventó mi cerebro para justificar el temblor?

Que una persona obesa estaba corriendo por la terraza.

Palabrita. 

Pero rápido volví a la realidad cuando Bryce me dijo: ‘Anna, la tierra está temblando. ¡Yuhuuuu! Ya puedo tachar de la lista el deseo de vivir un terremoto.’

El segundo fue en Tapachula, en la frontera sur de México, hace poco más de un mes. 

A ver, que la tierra tembló y yo estaba tan tranquila durmiendo. 

Ni me enteré. 

Pero de lo que sí me enteré fue de la sirena a todo trapo que sonó cuando ya no temblaba ni el pulso de la Merkel. 

Me alegro que mi vida esté rodeada de falsas alarmas porque me cago de miedo con los temblores. 

En las formaciones hablamos de temblores.

O no.

Como cantaba Jarabe de Palo, todo depende.

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Un abrazo,

Anna

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Anna Rodríguez Casadevall
anna@ideasontour.com