Lanzamientos de escalera en la más tierna infancia

Interculturalidad formación expatriados

Mi mejor amigo es Ernesto. 

Mi padre y su padre eran mejores amigos, y nuestras madres se unieron al club. 

Los dos somos hijos únicos y nos convertimos en hermanos de mocos.

Yo conozco a Ernesto desde que nació pero él a mí no.

Ahí juego con ventaja. 

Yo molo más.

Pero el tío se venga. 

Cuando me presenta a alguien, siempre dice: ‘Ella es Anna, mi mejor amiga. Cuando era bebé, me tiró por las escaleras’.

Qué cabrón. 

Lo que no puedo llamarle es mentiroso. 

Pues resulta que nuestros padres, unos viejos muy viejos de veintitantos, se juntaban cada fin de semana en una casa distinta a comer, beber, fumar, disfrutar…esas cosas que los padres hacían en los 80, yatusae. 

Y también hacían ruido, mucho ruido. Ruido de estar disfrutando con los amigos, como adultos con entidad propia más allá de la paternidad.

Ah, y los niños jugábamos por ahí libres cual pajarillos, hasta que las pilas se nos acababan, casi siempre nos peleábamos y siempre, sin excepción, nos quedábamos fritos en el sofá de turno, bien cubiertos con mantitas y mucho calor humano. 

Bueno, a lo que iba.

Yo debería tener unos dos años y Ernesto, seis o siete meses. 

Estaban los viejos muy viejos de veintitantos de sobremesa y se ve que pensé que Ernesto lo iba a pasar bien en ese jaleo, pero no lo veía por ningún lado, así que fui a buscarlo.

Lo encontré en el piso de arriba, durmiendo plácidamente en su cochecito.

Para no despertarlo, levanté mis bracitos, agarré el manillar (o como se llame) del carrito y debí ponerme en modo Hulk, porque se ve que tenía los frenos puestos pero ahí estaba yo, transportando a mi mejor amigo rumbo a la jarana de puretas. 

Y se ve que el efecto Hulk siguió y que le sumé el poder de la súperconfianza, porque me vi capaz de bajar el cochecito por las escaleras. 

Ups.

Amparo, la madre de Ernesto, aún me recuerda cómo me vieron aparecer en el rellano de la escalera empujando el cochecito con su bebé dentro. 

¿Les di tiempo a reaccionar? 

Sí.

¿Les di tiempo a frenar el viaje ultrasónico del cochecito escaleras abajo? 

No.

Pero oye, se ve que Ernesto estaba tan a gusto en su carrito que decidió bajar las escaleras sin conductor, sin descarrilarse y sin salir disparado.

Y ¿qué hizo cuando vio aparecer la cara de su madre, primero, y los rostros acongojados de los otros siete adultos, después? 

Sonreir. 

Y así es Ernesto. 

Le sonríe a la vida y a las personas. 

Por eso me hace tan feliz seguir teniendo un hermano de mocos ahora que somos unos viejos muy viejos utraviejos de treintaypico. 

¿Por qué te cuento esto? 

Pues por nada en especial. 

Hoy me acordé que en un par de días se va de vacaciones con Núria, su novia, a Namibia. Un recuerdo me llevó a otro, acabé en lanzamiento de escalera y he querido que ese recuerdo acabara por aquí. 

Pero bueno, ya que estamos, te dejo el enlace del artículo que escribí en Africaye.org y que pasé a Ernesto y Núria para ayudarles a preparar su viaje de un modo distinto: 

¿Por dónde empiezo a preparar mi viaje a África? 

Un abrazo,

Anna 

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Anna Rodríguez Casadevall
anna@ideasontour.com