Vuelta a casa y bajón post-viaje: choque cultural inverso

Choque cultural inverso. Islas Uro- Perú 2010 (Ideas on Tour)

‘A la vuelta me tocó gestionar todas las emociones intensas que me acompañaron esos días y cada vez que regreso de un viaje largo. Los reencuentros, sentir que nada cambia, que lo que no me gustaba antes de irme sigue igual y lo que me gustaba, también’.

Me tocaba vivir, sentir, aceptar y gestionar mi choque cultural inverso.

En 2003 me marché por primera vez a vivir a otro país y desde 2004, cuando volví de esta ‘primera vez’, convivo con esta inversión.

¡Ojalá me hubieran presentado antes a Mr. Choque Cultural Inverso!

Me he pasado años intentando entender cosas que ahora sé que tienen nombre y que forman parte de un proceso que puede durar semanas, meses, años… o ser un bucle sin fin.

¿Qué es el choque cultural inverso?

Es el proceso de readaptación al lugar y la cultura que consideras ‘tu casa’.

Los aspectos psicológicos, emocionales y culturales de volver, después de vivir en otro país, a la que que consideramos ‘nuestro hogar’.

Aunque parezca mentira, el proceso de volver a casa después de un viaje largo o de haber vivido una temporada larga en otro lugar y otra cultura puede ser mucho más complejo de lo que parece.

Todo el mundo se alegra de verte y quiere que le cuentes cómo te ha ido ‘por ahí’ pero, claro, ¿cómo explicas un periodo de tu vida tan intenso, tan distinto y tan tuyo?

Por un lado, estás feliz de volver a ver a ‘tu gente’, de volver a entender todas y cada una de las palabras del idioma que te rodea, deleitarte con los sabores de siempre, de volver a escuchar música conocida, de hacer bromas con los amigos, de saber dónde ir a buscar una cosa u otra, de conducir y de moverte sin perder tiempo.

Pero, por otro lado, echas de menos a las personas que conociste durante tu aventura internacional, los ratos compartidos, las complicidades y los momentos surrealistas que sólo vosotros entendéis.

Ya no podrás ir a leer a la tetería del barrio antiguo que tanto te gusta ni podrás disfrutar de las vistas del tranvía, camino al centro.

Lo quieres todo, quieres un chocolomo

“Una amiga nos contó la teoría del chocolomo.

Esta chica habló con un amigo suyo de Madrid que no encontraba trabajo en España, es médico de algo potente, lo que le ofrecían era una basura y terminó probando suerte en París.

Tenía un buen trabajo pero a la vez estaba muy harto: tener vida social con los franceses era imposible, la gente era como muy snob.

Estaba un poco en crisis y decidió volverse a Madrid porque echaba de menos a la familia, la gente, un poco de vida social…

Ha conseguido trabajo en Madrid pero está un poco puteado, no está muy contento. Lo habló con un amigo y uno le dijo: ‘A ti lo que te pasa es lo del chocolomo’.

Y le dijo: ‘¿De qué coño me estás hablando?’.

‘Mira, la teoría es muy sencilla: lo que te pasa ahora mismo es que te apetece mucho comerte un bocadillo de chocolate y te apetece mucho comerte un bocadillo de lomo, pero tienes que decidir chocolate o lomo, porque desgraciadamente el chocolomo no existe’.

Cuando nos lo contó nuestra amiga dije: ‘Me cago en la leche, ¿es eso lo que te pasa?’”

Noemí López T. y Estefanía S. Vasconcellos (2016): Volveremos. Madrid: Ed. Libros del K.O.

Has cambiado y tu entorno de siempre, no.

Si vives en un pueblo, verás que nada (y nada es nada) ha cambiado, para bien y para mal.

Si vives en una ciudad, quizá veas más obras, menos tiendas de barrio y más centros comerciales, poco más.

No ocurre nada nuevo.

Pero, a veces, que no pase nada es lo mejor que puede pasar.

Aprende a adaptarte también a lo que ya conoces pero no te gusta es una oportunidad única para hacer las paces con temas pendientes.

Date permiso y tiempo para comprender y ordenar tu montaña rusa de emociones.

Tómate tu tiempo para aterrizar, física y emocionalmente.

Es posible que necesites más tiempo del que esperas.

Aprovecha para recopilar todo lo vivido, sentido y aprendido para que tus próximos viajes sigan mejorando esa versión tan buena que ya eres.  

Bruselas (Bélgica), 12 de octubre de 2016

Yo, mi tranquilidad, mi soledad, un café y mucho tiempo: el decorado ideal para escribir.

Y esto es salió de mi pluma, sin borrones ni tachones, en la habitación del hotel en plena tarde de otoño belga:

¿Cuál es mi país? ¿Mi ciudad? ¿Mi cultura? ¿Mi realidad?

No lo sé.

Cada vez que me marcho y vuelvo, me digo a mí misma: ‘Ahora sí, ya tengo bastante’. Pero resulta que no.

Me acompaña un sentimiento que con los años he aprendido a reconocer: sentirme en tierra de nadie.

¿Por qué necesito este arraigo y este sentirme parte de un lugar y de una ‘tribu’?

El sentimiento de pertenencia me da seguridad, me permite conocer los códigos y sentirme parte de un grupo sin necesidad de interpretar palabras, contextos ni códigos.

¿Puedo pertenecer a dos, tres o siete lugares a la vez?

Me siento viva ‘en casa’ pero me siento más viva con este reto constante, con otros códigos y otras graduaciones para ver el mundo.

Cada realidad me suma y me aporta nuevas maneras de mirar, diferentes perspectivas, paradigmas, valores, cosmosvisions, formas de relacionarme, de moverme y de expresarme.

Nuevas formas de medir el mundo, la belleza, la noción del tiempo, las prioridades, la forma de trabajar.

Y todo esto me llega de nuevo en Bruselas, una de las ciudades más asépticas, oficinistas y tecnócratas que conozco.

¿Te imaginas cuando ando por lugar sabrosones que destilan vida?

No sé si es choque cultural inverso o adicción a viajar, a rodar por el mundo, pero es una putada… o no.

Depende del día.

Lo que tengo claro es que quiero seguir sintiendo esta incertidumbre, estos nervios y este descoloque porque, al fin y al cabo,

¿Quién puede que decir cuál es mi identidad y lo que me hace sentir viva, si no yo misma?

¿Te has sentido alguna vez así?

Si la respuesta es sí:

Bienvenido y bienvenida al perenne mundo del chocolomo.

Si la respuesta es no:

Si planeas vivir fuera o viajar un tiempo, cuando vuelvas ‘a casa’, date tiempo, cuídate, respeta tus ritmos todo lo que el día a día te permita.

Di, con tacto y respeto, a las personas de tu entorno más cercano que vas a estar un poco a tu rollo pero que no es nada personal con ellos.

No te enfades con el mundo, no tiene la culpa, no arreglarás nada y te sentirás peor.

No te enfades con nadie.

Tú decidiste irte por ahí, viajar y vivir la experiencia.

Aprendiste, creciste y te llevas un montón contigo.

Aunque quizá habrá quien no entienda lo que te pasa y no te lo expresa con mucha delicadeza, el motivo real es que esperaban encontrarse con la persona de antes de viaje y  esa persona tiene tantos matices nuevos, que sea la misma pero distinta.

Y eso quizá no todo el mundo pueda entenderlo.  

Tampoco te enfades contigo. ¿Qué ganas con ello? Nada.

De nuevo, cuídate.

Ten paciencia y, si necesitas que te echen una mano para reubicar todas las emociones, aprendizajes e identidades que has ido sumando a las capas de tu cebolla cultural, búscala.

Soy Anna, formadora intercultural, y mi trabajo es acompañarte a preparar y a vivir el viaje de tu vida.

Me apunto al viaje

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