Vuelta a casa y choque cultural inverso. ¿Te suena?

Choque cultural inverso. Islas Uro- Perú 2010 (Ideas on Tour)

Estuve pensando qué podía escribir en el blog y me venían a la cabeza mil ideas, pero ha habido una que se ha puesto más pesada que las otras, así que he decidido sacármela de la cabeza y dejarla por aquí: choque cultural inverso.

Estoy tan feliz de haber descubierto y puesto nombre a esta montaña rusa emocional que conlleva viajar y vivir en distintos lugares, de saber que es un proceso normal  y de reconocer sus distintas etapas, emociones y sentimientos en mí, que no puedo hacer otra cosa que compartirlo contigo.

¿Te suena?

Choque cultural

El choque cultural son los efectos psicológicos de un cambio brusco en el entorno cultural de una persona. Puedes sentirte sola, triste, desorientada, incomprendida, perdida, emocionada, hipersensible o efusiva en el proceso de adaptarre a una cultura con hábitos, valores y creencias muy diferentes a los que se está acostumbrada

Y es cierto, ¡ocurre!

Ahora sé que el enfada que sentía en Alemania era parte del choque cultural, que también lo era el cansancio que sentí las primeras semanas en la República Checa, la confusión que me acompañó durante meses en India y lo incómoda que me sentía bailando salsa bien agarradita en el Perú.

Choque cultural inverso

Pero hoy aparco el choque cultural y arranco con el choque cultural inverso. ¡Ojalá me lo hubieran presentado antes!

Me he pasado años intentado entender cosas que ahora sé que tienen nombre y que forman parte de un proceso que puede durar semanas, meses, años… o ser un bucle sin fin.

Hace un tiempo estuve en Bruselas y tuve ratitos de estos tan valiosos: yo, tranquilidad, soledad, café y tiempo. Me puse a escribir y esto es lo que mi pluma escribió sin borrones  ni tachones en la habitación del hotel en plena tarde de otoño belga.

Bruselas (Bélgica), el 12/10/2016

Choque cultural inverso: Los aspectos psicológicos, emocionales y culturales de volver, después de vivir en otro país, a la que que consideramos ‘nuestro hogar’.

Hace trece años me marché por primera vez a vivir a otro país y hace doce, desde que volví de esa ‘primera vez’, convivo con esta inversión.

Hoy estoy en Bruselas, estaré aquí poco más de 24 horas pero vuelvo a tener tiempo para parar en una ciudad que no es la mía y en un país que tampoco lo es.

¿Cuál es mi país? ¿Mi ciudad? ¿Mi cultura? ¿Mi realidad?

No lo sé.

Cada vez que me marcho y vuelvo, me digo a mí misma: ‘Ahora sí, ya tengo bastante’. Pero resulta que no.

Me acompaña un sentimiento que con los años he aprendido a reconocer: sentirme en tierra de nadie.

¿Por qué necesito este arraigo y este sentirme parte de un lugar y de una ‘tribu’?

El sentimiento de pertenencia me da seguridad, me permite conocer los códigos y sentirme parte de un grupo sin necesidad de interpretar palabras, contextos ni códigos.

¿Puedo pertenecer a dos, tres o siete lugares a la vez?

Me siento viva ‘en casa’ pero me siento más viva con este reto constante, con otros códigos y otras graduaciones para ver el mundo.

Cada realidad me suma y me aporta nuevas maneras de mirar, diferentes perspectivas, paradigmas, valores, cosmosvisions, formas de relacionarme, de moverme y de expresarme.

Nuevas formas de medir el mundo, la belleza, la noción del tiempo, las prioridades, la forma de trabajar.

Y todo esto me llega de nuevo en Bruselas, una de las ciudades más asépticas, oficinistas y tecnócratas que conozco.

¿Te imaginas cuando ando por lugar sabrosones que destilan vida?

No sé si es choque cultural inverso o adicción a viajar, a rodar por el mundo, pero es una putada… o no. Depende del día.

Lo que tengo claro es que quiero seguir sintiendo esta incertidumbre, estos nervios y este descoloque porque, al fin y al cabo,

¿Quién puede que decir cuál es mi identidad y lo que me hace sentir viva, si no yo misma?

 

Soy Anna, formadora intercultural, y mi trabajo es acompañarte a preparar y a vivir el viaje de tu vida para que te marches bien y vuelvas siendo tu mejor versión.

Me apunto al viaje