Seis semanas en China. Mil aprendizajes en mí.

El primer impulso fue escribir sobre China nada más aterrizar en este país, hace algo más de seis semanas, pero decidí no hacerlo, ¿cuántos prejuicios y tópicos iba a lanzar en un solo texto? Muchos más de los que hubiera deseado. Así que opté por esperar, por ubicarme mínimamente en Changsha, mi nueva ciudad, en mi nueva realidad y, ahí sí, sentarme a escribir y compartir.

Pero hay otro motivo que me ha llevado a demorarme en aporrear el teclado y es que me cuesta escribir sobre un lugar con el que no tengo ningún vínculo personal o emocional. Escribir sobre China me hace echar de menos Cusco y su gente, su ritmo, su sol que quema, su música, sus festejos, sus sorpresas, sus durezas, su idiosincrasia, sus chelas, sus cuestas y su desorden ordenado. Y mis vínculos allá. Fibras sensibles.

De acuerdo, después de este ataque de nostalgia imprevisto e improvisado, cruzo de nuevo el pacífico para regresar a China…

Me gusta Changsha, la ciudad y su gente me trata muy bien pese a sus “cosillas” no tan buenas. Pero lo que me ha traído aquí es un proyecto laboral y muchísima curiosidad, y se me hace raro a la vez que me fascina esta falta de expectativas. Y precisamente son esta falta de expectativas y este exceso de curiosidad los que me está haciendo disfrutar de mi vida en el gigante asiático. Contradicciones de la vida que son también muy mías (1).

Changsha es una ciudad de algo más de siete millones de habitantes, una ciudad pequeña para estándares chinos y una ciudad con más habitantes que todo Catalunya. Lo relativa que puede ser una misma realidad dependiendo de donde se mire, ¿no? (2)

 

Ahora también sé que puedo vivir sin entender ni la mitad de lo ocurre a mi alrededor (3). Idioma, contexto y realidad son tan distintos que no tengo referencias que me ayuden a distinguir lo que es “normal” de lo que no lo es; vivo en una incertidumbre constante que es divertida y agotadora a la par… Recuerdo a un profesor que siempre decía “hay que tener las orejas y los ojos bien grandes, y la boca bien pequeña”. Entonces pensaba que era muy pesado pero ahora eso es lo que intento pese a mi tendencia bocazas y, de vez en cuando, un poco impertinente.

Y otros aprendizajes en positivo y en negativo, igual de importantes pero sin  dosis de romanticismo:

4. China tiene poder, lo sabe y piensa utilizarlo.

Parece que el gigante asiático se cansó de ser parte de los países en desarrollo, primero; de las potencias emergentes BRICS (Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica), después, y ahora quiere comerse el mundo. Así, sin matices. Lo dejó bien claro Xi Jinping, Presidente de China, en el 19º Congreso del Partido Comunista, celebrado hace algunas semanas en Beijing. A mí me asusta este crecimiento económico vertiginoso y desmesurado. Mira qué claro lo explica Jabiertzo, de Historias de China:

“Imaginemos el desarrollo económico chino como una locomotora funcionando a marchas forzadas y controlada por un Estado casi completamente centrado en alcanzar (e incluso superar) el nivel de vida de las primeras potencias cuanto antes. Pues bien, la aceleración de esta máquina económica ha llegado a tal extremo que incluso está acortando etapas que muchos consideraban indispensables.”

5. Si apesta y pica, doblemente rico.

La comida de Changsha está de vicio… Y pica como un demonio. Me encanta. Todo es dulce o picante, creo que mis papilas gustativas solo son capaces de distinguir estos dos gustos desde que aterricé aquí. Y he descubierto el tofu apestoso (chòu dòu fu), una de las especialidades de Changsha. Y lo de “apestoso” no es por capricho, lo aseguro.

6. Mao Zedong, el dios de la China atea.

La historia depende de quien la escriba y de quién la lea, y creo que l@s chin@s y yo tenemos distintas fuentes de información. Yo callo y sonrío cuando alguien habla de las maravillas del líder de la Revolución Cultural china, y eso sucede a menudo. En el libro China en diez palabras, Yu Hua incluye la definición de “revolución” de Mao y da alguna pista del enfoque que le dio al asunto:

“Una revolución no va de cenas festivas, de escribir un ensayo, pintar un cuadro o hacer bordados. No puede ser tan refinado, tan pausado y agradable, ni tan moderado, amable, cortés, contenido y magnánime. Una revolución es una insurrección, un acto de violencia.”

8. Qué gustazo dormir en cualquier lugar, en cualquier momento.

Oficina, tren, restaurante, garita de seguridad, parque, suelo… Yo también quiero.

 

9. ¿Crees que eres libre? Pues no.

Si aún crees que eres libre, baja de los mundos de Yupi, escoge la pastilla roja o vente una temporada a China. Control presencial, cibernético y facial. Cámaras en cada esquina y en el ascensor, censura mediática controlada por el Departamento de Propaganda, sistema único de recogida de datos, veto de internet… ¿quieres más? Pues voy a sorprenderte.

En su increíble libro Hablan los chinos. Historias reales para entender a la futura potencia del mundo  (Ed. Aguilar, 2012), Ana Fuentes saca a la luz temas peliagudos en China y da voz a quienes no suelen tenerla. En el capítulo “La China 2.0” habla de la censura en internet y del control de datos, y con una sola frase me hizo ver que es algo que ocurre a nivel mundial pero que en China es, simplemente, más evidente:

“El ejército estadounidense y el FBI superan con creces a China en el volumen de datos personales que acumulan. Asimismo, Google y Facebook, ambas empresas estadounidenses, son los mayores propietarios de información personal del mundo.”

10. A vivir que son dos días.

Aquí, la gente disfruta de la vida. Trabajan, sí, pero les gusta estar en la calle, comer, salir a pasear, jugar y apostar, beber baiju (licor de arroz), cantar en el KTV (karaoke), dormir, reírse, bailar en el parque cuando termina la jornada, hacer ejercicio (lo que incluye caminar hacia atrás,  que es muy bueno para la espalda) y, sobre todo, compartir con la familia y l@s amig@s. ¿Quién no se apuntaría a cualquiera de estos planes?

11. ¿Por qué hacerlo fácil si puede ser difícil?

Este parece ser el leitmotif del gobierno chino para con los extranjeros a la hora de hacer un trámite, cualquiera, por simple que sea. Maldita burocracia. Es imposible hacer una gestión sin ir acompañado por una persona china, y no por el idioma, porque a veces las personas que atienden hablan inglés, sino porque, cuando vas a abrir una cuenta en el banco, a cerrarla, a comprar una tarjeta para el móvil, a renovar documentos o a firmar el contrato de alquiler, te dicen que no te van a atender si no vas con una persona china.

China dice abrirse al mundo pero el mensaje más concreto (para mí) es que China se abre al dinero del mundo. (Aclaración: aquí me refiero a nivel macro, político y empresarial).

Con la familia Chen, bebiendo licor de arroz después de una comida deliciosa.

12. Cuánto me falta aprender sobre hospitalidad y cuidados.

Durante estas semanas me he sentido y me siento muy acogida, mimada y cuidada. También parte de un grupo de amig@s que se cuida y se preocupan de que tod@s estén bien. Y eso me lleva a la foto que encabeza esta entrada… ¡sin comentarios! Tengo tantos privilegios aquí que aún no soy consciente de ellos y también espero no abusar de ellos cuando lo sea.

13. Si no quiero opinar, sonrío.

Cuesta un poco (a mí, mucho) pero, una vez perfeccionada la técnica, es una maravilla. Cuando sé que lo que quiero decir no va a gustar o “no toca”, me muerdo la lengua, sonrío y afirmó con la cabeza. Todo va mejor.

14. Guanxi, guanxi, guanxi.

El guanxi son relaciones, contactos y poder que aseguran el éxito (o el fracaso). ¿Quieres que tu hij@ entre en una buena escuela? Guanxi. ¿Quieres un buen trabajo? Guanxi ¿Quieres que te presten dinero para abrir un negocio? Guanxi ¿Quieres encontrar un “buen partido”? Guanxi. ¿Quieres poder irte de vacaciones fuera de China? Guanxi.

Guanxi, guanxi, guanxi. De nada sirve ser muy buen@ en algo. Si no tienes un buen guanxi, olvídate. Este es el aspecto cultural que más me está costando de aceptar y que peor llevo en mi día a día.

15. Sí, el chino es difícil… y ¡apasionante!

Es muy difícil, poco margen de discusión hay aquí. Pero es apasionante, se lee el mundo desde otra perspectiva y me encanta descifrarlo, aunque sólo llegue al 0.1% de todo lo que hay por aprender.

 

Y puedo llegar a los mil aprendizajes pero me reservaré algunos para no aburrirte y para seguir madurándolos. Los iré compartiendo de a poco, cuando los vaya asentando y asimilando.

Todo lo escrito en este texto es responsabilidad mía, me arriesgo a compartir opiniones personales que quizá no sean del agrado de todos ni tan bucólicas como se esperan. Nos suele llegar una visión distorsionada de China. Por un lado, la cultura de negocios y una idiosincrasia que los occidentales no comprendemos ni p’atrás y, por otro, la visión romántica de una cultura milenaria que parece estar desapareciendo a golpe de talonario.

Pero, ¿a caso occidente no está pervertido también por don Dinero, el Poderoso Caballero? Ya sabes, como canta Muchachito: “Él no te da la felicidad, pero bien rápido la quita. Él no te da la felicidad, pero si está te alegra el día”

Encantada de vivir en China aunque no sea fácil.Implica retos diarios, muchos momentos de soledad, de seguir la corriente sin saber por qué, de ver y vivir cosas que no me gustan, de no comprender nada de lo que ocurre a mi alrededor y la sensación de perder el control de mis decisiones. Pero me sigue compensando. No sé exactamente porqué y tampoco hago muchos esfuerzos por descubrirlo pero así es. Me pongo las gafas de ver el mundo y, ¡feliz en Changhsa!

Quizá en unos meses escriba opiniones bien distintas y con más perspectiva, quién sabe.

 

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