Choque Cultural: hazle un hueco en la maleta

Fenghuang, China 2018 (Ideas on Tour)

¿Qué es lo primero que preparas cuando haces un viaje?

La maleta o la mochila, la documentación, el transporte, ropa para el frío, ropa para el calor, cámara, alojamiento, seguro…

Y muy a menudo olvidas preparar tus emociones cuando viajas a una nueva cultura distinta a la que acompaña tu día a día.

¿Has oído hablar del choque cultural? Veamos qué es, cómo te afecta cuando viajas y por qué vale la pena hacerle un hueco en la maleta.

 

¿Qué es el choque cultural?

El choque cultural es el proceso de adaptación de vivir en un ambiente familiar y previsible, a vivir en un país, una sociedad o cultura donde todo es nuevo: lengua, horarios, comida, modo de vestir, gestión del tiempo, lenguaje corporal, etc.

Son los efectos psicológicos de un cambio brusco en el entorno cultural de una persona.

Puedes sentirte sola, triste, desorientada, incomprendida, perdida, emocionada, hipersensible o efusiva en el proceso de adaptarre a una cultura con hábitos, valores y creencias muy diferentes a los que se está acostumbrada.

Y es cierto, ¡ocurre!

Ahora sé que el enfado que sentía en Alemania era parte del choque cultural, que también lo era el cansancio que sentí las primeras semanas en la República Checa, la confusión que me acompañó durante meses en India y lo incómoda que me sentía bailando salsa bien agarradita en el Perú.

Es un proceso emocional que consta de cinco fases:

  1. Peparación.
  2. Luna de miel o vacaciones.
  3. Enfado o choque cultural.
  4. Adaptación.
  5. Choque cultural inverso (esta fase se merece un artículo entero. Aquí lo tienes)

 

Fases del choque cultural (Nunez, Nunez Mahdi y Popma, 2017)_Ideas on Tour

 

Si haces un viaje corto, es posible que no seas consciente de este choque, pero si viajas semanas, meses o años, es más que probable que el choque cultural se convierta en un compañero de viaje que irá apareciendo cuando menos lo esperes y con quien tengas una relación amor-odio.

Así que, ¿por qué no hacerle un hueco en la maleta?

En septiembre de 2017, me mudé a China y regresé nueve meses más tarde. Anteriormente, había vivido en Alemania, la República Checa, Perú o India, pero te aseguro que nada se asemeja al choque cultural que viví en este país asiático.

Por suerte, conocía este proceso y pude poner nombre a muchas sensaciones y emociones que me acompañan en cada viaje y que tanto se resisten a desaparecer de mi vida.

Para que tú también puedas reconocer y gestionar estas emociones, te doy la bienvenida al fascinante mundo del choque cultural.

Fases del choque cultural.

1. Preparación. 

El choque cultural es una montaña rusa de emociones que empieza antes de iniciar el viaje, con los nervios y la incertidumbre ante todos los preparativos y lo que vendrá con el inicio de la experiencia:

¿Por qué dije que sí? ¿Qué necesidad tengo yo de complicarme la historia? ¿Tengo todo el papeleo a punto o me olvido algo? ¡Qué nervios! 

Puede ser un periodo muy estresante porque te encuentras ante una situación incierta: vas a viajar o mudarte a un contexto y a una cultura totalmente nuevos. La ilusión se mezcla con el miedo.

Es normal sentir ambas emociones. El miedo existe, es muy común y suele aparecer cuando decides mirarle de cara, enfrentarte a él y a seguir el camino que te marca la ilusión, la motivación y tus sueños.

Lo importante es que te prepares lo mejor posible según lo que te preocupe y, sobre todo, enfocar tu experiencia internacional con mucha flexibilidad, muchas ganas de aprender y graduar tus gafas de ver el mundo. Vale la pena.

 

2. Luna de miel o vacaciones.

Cuando llegué a Changsha, la ciudad china que me acogió esos meses, todo me enamoraba: la comida, buenísima; la gente, muy divertida; el chino sonaba muy bien y la ciudad tenía muchos rincones interesantes… No me lo podía creer, pero sí, ¡estaba viviendo en China! Alucinaba con mi nueva realidad. Estaba en la fase de vacaciones luna de miel.

Después de tanto pensar, planificar y preparar tu viaje, por fin estás viviendo tu aventura, cumpliendo sueños por el mundo.

Tienes las emociones a flor de piel y la realidad supera lo que habías imaginado.

No puedes creer todo lo que te cuentan tus ojos y tus oídos: colores intensos, sabores indescriptibles, nuevos ritmos, objetos fascinantes que no sabes qué son, facciones exóticas, un nuevo idioma, etc. Un nuevo mundo se abre ante ti y te sientes en la cresta de la ola.

Esta etapa de ‘subidón’ puede durar días, semanas o meses. Cada persona es única y dependerá de tu experiencia previa y de las situaciones que te sorprendan al principio de tu viaje.

Dure lo que dure, deja de preocuparte y disfrútala.

 

3. Enfado o choque cultural.

Pero después de unas semanas de euforia, empecé a estar muy cansada. No entendía nada y no paraba de sentir por todos lados olores y ruidos que me agobiaban, la gente me miraba todo el rato y cualquier detalle me molestaba. Estaba en plena fase del choque cultural o fase de enfado.

La euforia da paso a la frustración y la desilusión.

Esos olores que tanto te fascinaban hace unas semanas se vuelven insoportables, la música a todo volumen por todos lados te pone nervioso, la comida picante le está pasando factura a tu estómago, en algunas situaciones no te han tratado tan bien como esperabas, no entiendes las bromas y es cansadísimo pensar todo el día en una lengua que no es la tuya.

Quizá eches de menos a tus amigos, a tu familia o a tu pareja, a esas personas que te conocen y con quien sabes que puedes contar si tienes un día gris.

Total: te enfadas con tu nuevo lugar, con su gente, con su comida, con sus horarios, con su cultura y con su todo. ¿No crees que quizá nadie tiene la culpa?

Vienes programado por una cultura y unas convenciones sociales a las que te has acostumbrado y que ves como normales. Tu nueva realidad está sacudiendo unos cimientos que creías bien sólidos y no sabes dónde agarrarte.

Un viaje a una cultura muy distante a la tuya es un reto gigante del que puedes aprender mucho (muchísimo) más de lo que esperas. Pero requiere voluntad, curiosidad, flexibilidad y paciencia, extra dosis de paciencia.

Es posible que te preguntes quién te mandó meterte en esta historia y que te plantees volver ‘a casa’, allí donde conoces todas las normas y donde crees que puedes vivir tranquilo. A menos que tengas dificultades físicas o psicológicas que lo requieran para tu salud, no lo hagas. Quédate. Atrévete a seguir aprendiendo.

Recuerda que te atreviste a encarar tus miedos, que estás viviendo una experiencia única y que un día malo lo tiene cualquiera.

Respira, cuenta hasta diez, relativiza y tira p’alante. Todo se irá poniendo en su lugar.

Lo mejor está por llegar.

 

4. Adaptación.

Por suerte, esta etapa duró poco y pronto empecé a ubicarme en mi nueva realidad, a sentirme parte del día a día de Changsha y a hacer mías nuevas rutinas que me ayudaron a sentirme como en casa en una cultura muy distinta a la que me vio crecer. Disfrutaba de mi vida en el corazón de China. Había cosas que me gustaban y otras que no, pero ya no me hacían infeliz. Me estaba adaptando a una nueva cultura.

¡Por fin! Te sientes un poquito más de ese lugar, conoces ritmos, horarios y los platos que sirven en el restaurante del barrio. Saludas a los vecinos, has logrado descrifrar el sistema de transporte local, entiendes más o menos las conversaciones y hasta empiezas a reirte con las bromas.

Ya no te molestas cuando la gente no responde como esperas y empiezas a darte cuenta de que, a veces, has sido un poco impertinente…

No pasa nada.

Ahora ya lo sabes. Cada vez eres más consciente de tu nuevo contexto y de los matices de la cultura que te acoge, y te conoces un poquito mejor. Qué bien sienta, ¿verdad?

Ya no interpretas la realidad según tus asunciones, desde la perspectiva única con la que creciste mirando el mundo, sino que lo haces desde los códigos de tu nueva cultura o mezclando las dos culturas que ya forman parte de ti.

Es fascinante sentir cómo eres capaz de adaptarte y de ser feliz en lugares y realidades tan dispares. Tus miedos iniciales han dado paso a nuevas metas e ilusiones porque ahora sabes que puedes y que sí, que eres capaz.

Cada lugar y cultura que te acoge te regala flexibilidad, capacidad de adaptación, paciencia, resiliencia, tolerancia y nuevas formas de vivir.

Cada lugar y cultura te quita prejuicios, estereotipos, creencias, dogmas e ignorancia que ni siquiera sabía que tenías.

Tus gafas de ver el mundo se están graduando y todo lo que estás viviendo, sintiendo, riendo, llorando, gozando y aprendiendo es tuyo, ya forma parte de ti.

Pero, ¿sabes que es lo mejor? Que el viaje ya está sacando tu mejor versión.

 

5. Choque cultural inverso. 

A la vuelta me tocó gestionar todas las emociones intensas que me acompañaron esos días y cada vez que regreso de un viaje largo. Los reencuentros, sentir que nada cambia, que lo que no me gustaba antes de irme sigue igual y lo que me gustaba, también.

Me tocaba vivir, sentir, aceptar y gestionar mi choque cultural inverso.

Esta vuelta a casa implica tantas cosas, que le dedico un artículo entero que puedes leer aquí: Vuelta a casa y bajón post-viaje: choque cultural inverso.

 

Disfruta al máximo de tu viaje.

Hay personas que casi no sienten el choque cultural ni el choque cultural inverso, las hay que sólo necesitan días para ubicarse y sentirse bien, y hay quienes necesitan meses, años o que se saltan etapas.

Lo importante es saber que es normal sentirte eufórica, triste, sola, vulnerable, descolocada o enfadada. Estás viviendo el choque cultural, creciendo como persona, ampliando tu manera de ver el mundo y, sobre todo, aprendiendo a irte bien y a volver mejor para disfrutar al máximo del viaje.

Venimos sin manual de instrucciones y eso es lo más divertido.

No existen fórmulas mágicas para transitar el choque cultural, pero sí te tienes a ti: tu curiosidad, tu consciencia y tus ganas de graduar tus gafas para ver el mundo son las herramientas que necesitas para disfrutar al máximo de tu experiencia por el mundo.

A veces cuesta, pero compartir las sensaciones y emociones del choque cultural es muy importante. Yo tardé en hacerlo pero no me arrepiento.

¿Te has sentido alguna vez así?

 

Referencias:

Nunez, C.; Nunez-Mahdi, R. y Popma, L. (2017): Intercultural Sensitivity. From denial to intercultural competence, 4th edition. Assen: Koninklijke Van Gorcum BV.

Schein, E.C. (2004): Organizational Culture and Leadership, 3rd edition. New York: Wiley Publishers.

 

 

 

2 Comments
  • Manuel GARDENES
    Posted at 11:06h, 14 July Reply

    Maybe wandering around, in some cases, makes you feel foreign even home…?!

    • Anna
      Posted at 19:40h, 14 July Reply

      Hi Manu!
      You can become a foreigner or you can try to become (or feel!) a part of the different cultures and places you live in, including your home place. Not an easy job but all but, as Isabella Kaluta writes in her book ‘Man Zou. China para curiosos’ (http://es.globedia.com/man-zou-china-curiosos), I prefer to take this option: “¿Raro? Sólo diferente” ????

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