Disfrutando de Hong Kong entre neones & mikanias

Neones

Siempre que pensaba en Hong Kong, me venían a la cabeza rascacielos, ciudad, luces de neón y Bruce Lee. Y sí, Hong Kong tiene eso…y muchísimo más.

Y se que es una caja de sorpresas.

Es la tercera vez que estoy en este lugar (lo llamo lugar porque no es ni ciudad ni país, la denominación oficial es ‘Región Administrativa Especial’ -SAR, por sus siglas en inglés-  o ‘Territorio autónomo chino’ pero ambas opciones me parecen horribles y los hongkoneses no se sienten demasiado parte de China, así que voy a llamarle lugar, así, en cursiva) y me doy cuenta de lo suertuda que me siento.

Hong Kong me alucina y me carga de energía.

Estoy viviendo en China pero tengo que salir del país cada 30 días por temas de visado, así que tengo la excusa perfecta para cruzar la frontera y conocer lugares nuevos.

Oficialmente, Hong Kong es China.

Pero para entrar en Hong Kong hay una frontera china y otra de Hong Kong, y moverse entre ellas cuenta como una salida/entrada al país.

Así que, a efectos de visados y papeleos varios, Hong Kong no es China. O sea, que sí pero no. Un lío.

Esta vez tuve que ir a Hong Kong un par de días a trabajar y decidí alejarme un poco del neón e instalarme en Lanma, una de las islas de este lugar donde no hay coches ni carreteras, a solo 20 minutos en ferry público de la urbe.

Esta isla me enganchó la primera vez que la visité. El contraste con otras zonas de la región me descoloca y hace que me fije en los detalles de cada lugar, en sus olores, sus colores, sus construcciones, su gente, sus miradas, su naturaleza o la falta de ella, su brisa o su aire cargado.

Para que te hagas una idea: Hong Kong tiene cerca de 7,5 millones de habitantes (oficialmente, más los que están pero no existen), está compuesto por una península (Kowloon y Nuevos Terrotorios) y varias islas (Hong Kong, Lantau, Lanma, Peng Chau, Cheung Chau, Po Toi…).

Lanma es una isla tropical sin coches ni carreteras y con la iluminación justa.

La isla de Hong Kong y la península son una urbe de cemento llena de gente, hombres y mujeres de negocios, rascacielos y barracas en esos mismos rascacielos por los que los inquilinos pagan unos 2000 euros mensuales “de estrangis”.

Contrastes que descolocan si miras más allá del escaparate.

Hong Kong entre neones (clica en cada imagen para ampliarla)

 

Mikanias

Unas 7000 personas viven en Lanma.

6000 en el norte, cerca del muelle principal y donde se encuentran la mayoría de servicios y negocios; unas 1000 en el muelle central; un centenar en la zona donde he ‘vivido’ estos días y 2 señoras que viven en el pueblito más oriental de la isla.

En los años 1930 y 1940, la isla tenía muchos más habitantes y el transporte para llegar a otros territorios era más bien escaso (actualmente hay ferrys que forman parte del sistema de transporte público de la ciudad), así que los isleños decidieron abrir varias escuelas para asegurar la educación de sus hijos.

Qué privilegio tuvieron los niñoss que pudieron estudiar ahí hasta los años 60, década en que muchos habitantes de Lanma decidieron abandonar sus cultivos y barcas de pesca para mudarse a otras zonas y ganarse mejor la vida.

Yo he disfrutado paseando entre bambús y mikanias (una planta originaria de América Central y del Sur que llegó a la isla hace décadas y que ya forma parte de su paisaje natural).

Volviendo “a casa” por la noche, cuando la oscuridad ofrece el mejor espectáculo musical de la naturaleza.

Luchando por un poquito de oxígeno en la subida al pico más alto de la isla y admirando, desde allá, su silueta curvilínea, en contraste con la silueta rígida de los rascacielos de la península, al frente, a solo 20 minutos en barco.

Ya de vuelta, buscando información sobre Lanma (¿para qué informarme antes de visitar un lugar si puedo primero vivirlo y, ya después, llenarme la cabeza de expectativas?), he leído que la llaman ‘la Ibiza de Asia’ o ‘paraíso pesquero’.

Lo cierto es que es una isla muy bella, pero lo que me hace sentirla un lugar especial es su ritmo, su autenticidad.

No suelo escribir sobre lugares como destinos turísticos. No me gusta, me aburre y hay muchísimas personas que ya lo hacen (y de maravilla).

No estoy recomendando visitar Lanma, ni Hong Kong. ¿Quién sabe? Quizá te decepcionarían porque esperabas verlos con mis ojos y vivirlos en el momento en que los viví yo, u otra persona.

Que nadie te diga lo que tienes que ver o dejar de ver, de hacer o dejar de hacer (ni en un viaje ni en nada), de decir o de callar.

Mi opción ahora es moverme por el mundo, saborearlo de a poco y contártelo. Eso me hace feliz.

Describo Hong Kong porque me fascinan sus contrastes y me descolocan sus distintas realidades.

Escribo sobre Hong Kong porque es lo que vivo, porque llena mis pensamientos estos últimos días y porque quiero compartirlos para que sean también un poquito tuyos.

Lanma entre mikanias (clica en cada imagen para ampliarla)

 

Soy Anna, formadora intercultural, y mi trabajo es acompañarte a preparar y a vivir el viaje de tu vida para que te marches bien y vuelvas siendo tu mejor versión.

Me apunto al viaje