Interculturalidad y viajes para graduar tus gafas de ver el mundo

1 de agosto

El día álgido de los Leo y el día de la Pachamama, una celebración muy festejada en Perú, Bolivia y en el norte de Argentina -la zona de los Andes Centrales de América del Sur- en la que se le rinde un tributo a la Madre Tierra en señal de agradecimiento por los alimentos y protección brindada al ser humano.

Y resulta que también es mi cumpleaños :-).

Ojalá no hiciera falta una fecha para hacerlo, pero los cumpleaños y las vísperas son la excusa para hacer balance de las cosas que nos han pasado, nos están ocurriendo o nos gustaría que sucedieran.

No recuerdo dónde leí que las personas necesitamos fechas, celebraciones y tradiciones para ordenar nuestras vidas, son hitos que hacen que nos juntemos, nos socialicemos y seamos conscientes de todo lo que pasa a nuestro alrededor más allá del día a día.

Este viaje a Cusco es uno de los más importantes para mí.

Es la cuarta vez que estoy aquí y me he dado más cuenta que nunca de muchas cosas que nos unen y nos separan a las personas de distintos lugares, de eso que se llama interculturalidad.

Somos distintas, diversas, diferentes e iguales al mismo tiempo.

¿Cuántas filtros hemos de quitar y sortear a veces para llegar a comprendernos bien o un poquito, si quiera?

Veamos qué esconde la interculturalidad y cómo te ayudará a disfrutar al máximo de tu viaje, incluso desde el sofá.

La historia única

Siempre tengo muy presente a la escritora nigeriana Chimanda Ngozi Adichié y su mensaje sobre el peligro de la historia única.

Y es que Adichié cuenta que nuestras vidas y nuestras culturas están hechas de muchas historias interrelacionadas y que, si prestamos atención a una única versión sobre una persona o un país, corremos el riesgo de caer en una incompresión monumental.

Esta pedazo de mujer es buena mostrándose delante de cientos de personas. A mí, en cambio, no se me da muy bien expresar sentimientos y emociones en voz alta, me entra una vergüenza que no sé de dónde sale, me lío y suele ser peor lo que digo que lo que callo.

Y es que las personas no somos lo que decimos, sino lo que hacemos.

Puede parecer obvio pero, si lo piensas bien, no lo es tanto.

¿Por qué hay tantos prejuicios desconfianza y malentendidos entre nacionalidades?

¿Por qué es tan normal oír que si ‘éstos son así y éstos, asá’ o que ‘no te puedes fiar de ellos’?

¿Por qué escuchamos que los X son mentirosos?

¿Por qué hay culturas que no tienen lengua escrita pero una riqueza brutal en lenguaje e historias orales?

¿Por qué nos gusta que nos regalen el oído y nos creemos cosas que sabemos (y es que lo sabemos) que no son tan verdad como quisiéramos?

Ay, amiguita, todo este intríngulis de palabras, mensajes, códigos, mensajeros, receptores, interpretaciones, cosmovisiones, imaginarios y realidades, se llama cultura e  interculturalidad.

Y es la bomba… entendiendo bomba (mira qué cantidad de significados que tiene esta palabra) como algo muy bueno pero también como algo bien explosivo que nos puede lastimar si no sabemos gestionar.

¿Ves como el lenguaje puede ser confuso incluso cuando compartimos cultura?

 

Cultura 

 

Señor de Qolloyriti Cusco 2010 (Ideas on Tour)

 

Mucho hablar de cultura pero es un lío.

Veamos, ¿qué es la cultura?

Para Triandis (2004), la cultura son todos los símbolos y valores objetivos y subjetivos hechos por el ser humano y que acompañan nuestro ‘grupo social’, esa sociedad donde crecemos y de la que nos sentimos parte.

‘Nuestra’ cultura es la manera cómo pensamos, sentimos y nos comportamos (Nunez, Mahdi-Nunez y Popma, 2017). Los códigos que compartimos con otras personas del mismo lugar y la misma época (lengua, ropa, estilos de música, lenguaje corporal, etc).

Geert Hofstede (1991) dice que la cultura es la programación colectiva de la mente, que distingue los miembros de un grupo de otro grupo, unas personas de otras. Es decir, que una sola persona no puede crear una cultura, sino que una ‘cultura’ nace, se crea y se define siempre a partir del grupo, del colectivo, de la sociedad.

Y es que, aunque las personas siempre somos únicas e irrepetibles, y tomamos nuestras propias decisiones, nuestra cultura de origen tiene una influencia brutal.

Lo importante es tener claro que la cultura se aprende, que no es algo natural con que nacemos.

La dificultad aparece cuando nos plantamos en otro lugar y esos códigos y valores son distintos o se expresan de distinta forma, y seguimos pensando que los nuestros son los válidos, los que todo el mundo va a seguir.

Pues no.

Ahí es donde entra en acción mi parte favorita: la interculturalidad.

 

Interculturalidad 

 

Tres Cruces Cusco Peru 2010 (Ideas on Tour)

 

La más sencilla y clara, es la definición de Hidalgo (2005): la interculturalidad es la relación, intercambio y enriquecimiento mutuo entre distintas culturas.

La UNESCO se refiere a la construcción de relaciones equitativas entre personas, comunidades, países y culturas, e incluye elementos históricos, sociales, culturales, políticos, económicos, educativos, antropológicos, ambientales, entre otros.

Pero, de todas las existentes (que haberlas, haylas), la que más me gusta es la de Marakan (2012), que va más allá y defiende que la interculturalidad es una herramienta de emancipación, de lucha por una equidad real, en el sentido no solo cultural, si no también material.

Un apunte: recuerda que interculturalidad y multiculturalidad son distintos. Mientras que interculturalidad implica un punto de encuentro y diálogo entre culturas, multiculturalidad se da cuando varias culturas simplemente conviven sin relacionarse, sin diálogo ni punto de encuentro. Algo demasiado común, lamentablemente.

Ahora, uniendo interculturalidad y viajes, dale vueltas a estas preguntas:

¿Cuántos malentendidos y momentos de tensión te ahorrarías en tus viajes si le prestaras algo más de atención a esto de la interculturalidad?

¿Cuánto más disfrutarías de convivir en una comunidad pequeña del Petén guatemalteco si comprendieras su manera de mirar e interpretar el mundo, su ‘cosmovisión’?

¿Cuántos quebraderos de cabezas te ahorrarías si supieras que algo que parece tan simple como  y no no son conceptos universales y que no se expresan igual en todo el mundo?

De un modo u otro, por mucho que te prepares, el choque cultural siempre estará ahí porque las cosas hay que vivirlas para interiorizarlas, pero podrás disfrutar muchísimo más de toda tu experiencia por el mundo y ser más consciente del impacto de tu viaje allá donde vayas, de la riqueza de la diversidad y de todo lo que ésta aporta a tu vida.

Así que yo, sin duda, me voy de la manita con la interculturalidad.

 

Mi aprendizaje intercultural en Perú

 

Bailando en Cusco 2017_Autor foto Elio Puma (Ideas on Tour)

 

Ya, ya paro con la teoría.

Ahora voy a soltarme y a contarte, a susurros y desde el corazón, algunos de mis aprendizajes interculturales en Perú, ¿te suena alguno?

Saber interpretar los sí pero no cuando pregunto algo, esperando que la respuesta sea ‘sí’ o ‘no’ y descubriendo que, entre medio, existe un arcoiris de matices en el que me pierdo, pero en el que cada vez me camuflo mejor.

Dejar de lado mi asertividad para ser más suave al expresar mis opiniones, que pueden ser igual de fuertes con menos brusquedad.

Descubrir que, aunque hablemos un mismo idioma, mediterráneos y andinos expresamos cosas distintas cuando queremos decimos lo mismo.

Reconocer que el lenguaje literal es de cobardes y que los valientes juegan a volver locos a gringos, guiris & cia. con el lenguaje indirecto y los dobles sentidos.

Nunca decir ‘no’ cuando alguien me saca a bailar (eso es de cobardes), sino soltar un ‘a la siguiente canción’ y quedarnos todos tan anchos pero felices, sabiendo que ese baile nunca llegará.

Empezar a sospechar que nos han mentido todo este tiempo y que la teoría de la relatividad no la inventó Einsten en Alemania, sino un bricherito anónimo del Cusco: todo lo que dicen es relativo.

A aligerar la razón, los pensamientos y las creencias que tanto me pesan y a disfrutar del presente, de lo que siento en el momento y de todo lo que ello me aporta… Así es más fácil aparcar rencores y exigencias, pero también es más fácil dejar de confiar.

Descubrir, por fin, que cuando pregunto antes de subir al bus: ‘¿Para en Maruri?’ y la respuesta es ‘Maruri, Maruri’, es que sí paran ahí. Qué aburrido sería que la respuesta fuera simplemente o no, ¿verdad?

Dejar de escucharme tanto qué bien sienta.

Dejarme regalar el oído con cositas bonitas que me gusta escuchar y que alimentan mi ego…

… y aprender a no creérmelas ni a proyectar más allá del momento en que ocurren, el famoso ‘aquí y ahora’, ese que tanto estudiamos en Europa y que nos pega una torta tras otra a el momento de la verdad.

 

¿Resultado?

 

 

Sigo teniendo mis prontos pero mucha más paciencia y conciencia de mi ataques de indignación.

Sigo pensando más de la cuenta pero cada vez doy más protagonismo al corazón, el instinto y la intuición. 

Sigo siendo bien directa pero comprendiendo los matices en lo que me dicen y me dejan de decir las personas, en las palabras, los gestos, la mirada, las omisiones, los silencios, el cuerpo o el lenguaje no verbal…

Sigo sin enterarme de muchas cosas pero mi capacidad de adaptación no para de crecer, las cosas ya no son ‘normales’ o ‘raras’, solo distintas o relativas.

Suma y sigue.

 

¿Qué escribe tu historia?

¿Has visto que regalos de cumpleaños tan bonitos me están dando en Cusco para mis 34?

Los últimos años han estado llenos de cambios y de toma de decisiones, de subidas, bajadas, valles y senderitos fáciles también.

Pero eso es lo que escribe mi historia. Cada uno de nosotros va escribiendo la suya con lo que va sucediendo en lo vida pero también con lo que va decidiendo.

No creo que podamos moldear la vida a nuestro antojo, hay situaciones que se nos escapan y en que poco tenemos que decir, pero en las que podemos decidir… ¡esas hay que aprovecharlas!

Yo las estoy aprovechando todo lo que sé desde Perú, China, Chile, Alemania, India o desde el sofá de casa, mirando las musarañas.

Porque la interculturalidad no se aprende solo viajando.

Nuestro día a día en nuestro grupo de amigos, la comunidad de vecinos, barrio, asociación, escuela, pueblo o ciudad está llena de momentos para compartir y comprender otras culturas, y ayudar a compartir la nuestra.

Y, como es mi cumpleaños, sigo mi premisa de celebrar todo lo celebrable y salgo bien guapa a tomar unas chelas, a bailar cumbia y salsa con quien no pregunte, me agarre bien por la cintura y se anime a compartir la idea de que las personas no somos lo que decimos, sino lo que hacemos.

 

‘El viaje puede ayudarnos a abrir mente y corazón a personas de todo el mundo. La formación intercultural puede ayudarnos a transformar pensamientos y emociones sobre un nuevo lugar para tener una percepción empática de su gente.’

Mark Twain (1835-1910)

 

Soy Anna, formadora intercultural, y mi trabajo es acompañarte a preparar y a vivir el viaje de tu vida para que te marches bien y vuelvas siendo tu mejor versión.

Me apunto al viaje