¿Qué hace una chica como yo en un sitio como este? (Cusco)

El otro día pensaba que no he dicho qué estoy haciendo en Perú, y me apetece hacerlo, no sé por qué, pero sí sé me ayudará a ordenar ideas y todo lo que ando haciendo por acá desde hace un mes y medio. La versión oficial es que estoy acá para llevar a cabo la investigación aplicada de doctorado en que estoy metida. La versión real es que estoy de nuevo en el Perú porque, simplemente, me encanta y me busqué una excusa para volver.

Hoy voy a intentar centrarme en la primera versión, que desde que estoy acá va quedando cada vez más en un segundo plano. Y es que, ¿cómo resistirse a pasear y descubrir una ciudad como el Cusco, y pasar ratos bien chéveres con mi gente de acá? Veo el ordenador, la mesa y los papeles, y el sol, las danzas y la gente, y claro, no hay color…

Pero todo tiene lo suyo. En 2014, en un ataque de inspiración, en uno de sus viajes a Barcelona, entre bravas y cervezas después de un concierto, le dije a Alberto: “Oye, que he pensado que podría matricularme en el doctorado y hacer la investigación aplicada en el Cusco, vinculando empoderamiento y participación con arquitectura social, trabajar con tus estudiantes. Y quiero que seas mi director, ¿qué me dices?”. Y así fue como decidí matricularme en el Doctorado en Desarrollo Local y Cooperación Internacional. ¿Tienes una idea? ¡Haz un doctorado! (Léase con ironía, por favor).

Empecé en octubre de 2014 y en agosto 2016 me planté en Cusco tres semanas para hacer talleres y trabajar con los y las estudiantes de las escuelas de arquitectura del Cusco, con el apoyo de Alberto, amigo de hace años y ahora también mi codirector de tesis. Como me cansé de escribir y que mi propuesta no se entendiera demasiado, decidí contarlo en un vídeo… Creo que así se entiende mejor. Si tienes curiosidad, sólo tienes que pinchar en el enlace, escoger el idioma de subtítulos (catalán o español) y comprobar por ti mism@ si logré explicar lo que vine a hacer en el Cusco

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Tres semanas de vacaciones que pasaron volando pero que alimentaron mis ganas de volver con más calma. Así que trabajé unos meses más, lo que me había comprometido, y planeé volver a Cusco en octubre de 2017 para quedarme unos cinco o seis meses y, desde aquí, viajar por América Latina, algo que tengo pendiente. Pero dicen que el destino es caprichoso, así que nada de esperar a octubre: el martes y 13 de junio crucé el Atlántico rumbo al Pacífico. ¿Por qué no esperé? Pues porque nunca se sabe lo que puede pasar y no tenía ningunas ganas de que sucediera algo que me impidiera seguir a mi hilo rojo. Compré un billete para dos meses pero hace unos días cambié la fecha de vuelo, alargando lo máximo que el seguro médico y el bolsillo me permiten.

Volviendo a la investigación (¿veis como siempre acabo dejándola en un segundo plano?): estoy acá, leyendo, releyendo, liándome y aprendiendo sobre sentido de comunidad, satisfacción vital, calidad de vida, resiliencia, espacios compartidos y arquitectura social, y la base es la psicología social, que estudia cómo nos relacionamos con otras personas y enfatiza la influencia de lo social en nuestra conducta. Muy concreto todo, ¿verdad? Os aseguro que suena etéreo pero es bien interesante.

El sentido de comunidad implica el sentimiento de pertenencia, de implicación personal, la integración, la satisfacción de necesidades, la conexión y la participación, implica también la influencia recíproca entre el individuo y la comunidad; el empoderamiento es el proceso y los resultados mediante el cual las personas, organizaciones y comunidades ganan control sobre sus vidas; satisfacción vital es un proceso de juicio en que las personas evalúan su calidad de vida en base a criterios propios, de forma subjetiva; la calidad de vida en el barrio está influida por cómo los residentes se relacionan unos con otros como vecinos, cómo se prestan apoyo social, cómo se tratan con el resto de la sociedad de la que forman parte y cómo cuidan su medio ambiente físico, y la resiliencia es la capacidad que tenemos las personas de reponernos ante situaciones adversas.

¿Qué relación tiene eso con los espacios compartidos y la arquitectura social? En eso estoy, en un par de años os lo cuento (espero). Sí puedo deciros que el tema de la arquitectura es bien interesante. Sólo voy a citar algunas cosas que leí en el libro de Maushaus La arquitectura a través del juego (Ed. La Catarata) y que me llamaron la atención: “La arquitectura es un ejercicio de empatía” o “…cuidar el contexto que habitamos es cuidar el contenido y, por tanto, mejorar la vida” . ¿Aún pensáis que no hay relación entre la psicología social y la arquitectura?

Creo que con el tiempo me vuelvo más curiosa y también más activa e inquieta, lo que no ayuda demasiado cuando lo que hago requiere que me pase la jornada leyendo, buscando información académica y moviéndome en un mundo encorsetado lleno de normas con las que no estoy muy de acuerdo. Me despisto y encuentro mil cosas que hacer antes que sentarme frente al ordenador. Por suerte esa es solo una parte, la más pesada y la que hace que much@s se rindan (¿nos rindamos?).

Luego está la parte buena. La buena, buena. Ay, esa parte que hace que pare de nuevo y me convenza de que por esto sí que vale la pena seguir y no mandar los datos, las publicaciones indexadas y las citaciones a tomar viento: la que implica movimiento, relaciones personales, descubrimientos en plena acción y aprendizajes directos, piel con piel.

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Wilmer, Elio y yo, disfrutando de las vistas del Cusco desde Villa María

Volviendo a lo concreto… La investigación aplicada la estamos haciendo en el Pueblo Joven (barrio) de Villa María, en lo alto de la ciudad del Cusco, “barrios periféricos” o “los márgenes”, lo llaman, porque l@s mism@s vecin@s dicen que viven a solo quince minutos a pie del Cusco: forman parte del Cusco pero ni los consideran ni se consideran parte de la ciudad, sino algo “al margen”… Pero, ¿habéis visto en qué lugar tan privilegiado trabajamos?  Ya veis que las vistas sobre la ciudad del Cusco, los Andes y el nevado son impresionantes.

 

Los sábados en la tarde trabajamos con unos veinticinco niños y niñas de Villa María, organizamos talleres sobre el conocimiento del barrio, la apropiación de espacios y propuestas de mejora mediante vídeos participativos (una herramienta para la reflexión en torno a la identidad, la organización y la autorepresentación de las personas en formatos audiovisuales) en talleres que hemos llamado “Barrio Kids”.  Y hablo en plural porque no estoy sola: Wilmer Peralta Naula y Elio Puma, estudiantes de arquitectura a puntito de ser arquitectos, también están en la investigación, de hecho, ¡fui yo quien me sumé a la suya! Quedaos con sus nombres que en un tiempito harán algo grande.

Volviendo a los talleres… Este sábado estuvo bonito, fuimos a la cancha descubierta y nos la pasamos jugando. ¿Qué mejor modo de saber a qué les gusta jugar a l@s niñ@s y qué área de juego imaginan que jugar con ell@s y disfrutar de una tarde soleada en una compañía de lujo? Construimos con maderas, saltamos a la cuerda, hicimos carreras de sacos, pintamos el suelo con tizas, tomamos fotos y vídeos… Y al final se impuso un partidillo de fútbol. El deporte rey es omnipresente y una pesadilla para mí, pero no tuve nada que hacer, así que p’alante con los goles. L@s niñ@as han grabado los talleres desde su propia perspectiva, ¡estamos deseando ver el vídeo final! Habrá que esperar un par de semanas, que del 28 al 30 de julio son Fiestas Patrias en Perú y la vida se altera totalmente.

Y ¿qué ocurre con los adultos? Pucha, la falta de tiempo complica mucho poder trabajar con ellos peeeeero lo logramos: ayer en la mañana estuvimos en la reunión del Comité Electoral y por fin tenemos fecha de inicio: domingo 6 de agosto. Confío en nuestro experimento pero también da algo de vértigo, los adultos no suelen estar muy dispuestos a jugar como locos… Pero allá vamos. Confío en el trabajo que estamos haciendo, confío en su utilidad y confío en el equipo que formamos Elio, Wilmer y yo.

Pero de nuevo me surgen dudas entorno a la investigación… ¿será útil para el Pueblo Joven de Villa María?, ¿le encontrarán sentido a esto de responder cuestionarios sobre calidad de vida, sentido de comunidad, resiliencia y satisfacción vital?, ¿dirán que adelante con las entrevistas? Confío en saber explicar cuán importante son estos palabros para ser feliz como personas, como organización y como comunidad. Retos, retos… pero, ¿qué le voy a hacer? Me quitan los retos y es que me aburro.

Y, como no podía ser de otro modo, mi tendencia polifacética ha hecho que no sólo esté con la investigación y los talleres. Bueno, y con las salidas de bailoteo, de encuentros sociales, de te piteado, de chelas, de chicha, de paseitos por los mercados, de callejear… en fin, que tener tiempo es cuestión de prioridades y que el Cusco jala y es un non-stop. Pero a lo que iba, algunas clases también han caído, y me lo he pasado genial: el Círculo de Investigación Antropía+ , formado por estudiantes de arquitectura de la Universidad Andina del Cusco, son bien activas (activas porque todas son mujeres) y organizan actividades todo el año. Así que ahí ando, con el círculo de charlas “Circulando”, intentando remover cuestionamientos y conciencias sobre empoderamiento, feminismo y arquitectura. De nuevo, muy concreto todo, ¿no?

Ya has visto que esta entrada es bastante distinta a las demás, necesitaba ordenar ideas y todo lo que voy haciendo, así que, ¿qué mejor modo de compartirlo contigo? Además, como me dicen mis amig@s acá “Anna, no todo en la vida es flamenco” . Y, aunque yo sigo pensando que sí lo es, esta vez me tocó ponerme seria. Espero escribir un final feliz en un par de meses. Aunque, si lo pienso bien, si todo el proceso está siendo feliz, ¿por qué no iba a serlo el final? Y, como te imaginas, la investigación es lo de menos, así es como me siento feliz, feliz.

Venga, una curiosidad para amenizar este final, que las personas somos chismosas aunque no lo reconozcamos abiertamente: ¿sabéis cómo nos conocimos Alberto (mi director de tesis) y yo? Hace trece años, trabajando en un restaurante al pie del parque natural del Montseny, cerquita de Barcelona: él era friegaplatos y yo, camarera. ¿Aún crees que la profesión hace a la persona?

 

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